Candidatura de Sergio Ramírez a la RAE: mérito literario frente a responsabilidad histórica

El próximo 21 de mayo, la Real Academia Española (RAE) decidirá si el escritor nicaragüense Sergio Ramírez Mercado, una de las plumas más brillantes de Centroamérica, ocupará la silla «L» que antes ocupaba Mario Vargas Llosa.
Aunque su prestigio como novelista es reconocido globalmente, su pasado como figura central de la política de Daniel Ortega ha dividido a la opinión pública nicaragüense.
Diversas voces de la oposición y el activismo señalan que el mérito literario no debe utilizarse como un velo para cubrir responsabilidades políticas del pasado.
Para profundizar en este debate, Artículo 66 consultó a Braudy Sánchez, activista y uno de los promotores de la carta enviada a la RAE, y a Luciano García, opositor nicaragüense. Ambos ofrecen una perspectiva crítica sobre la idoneidad ética del escritor para ocupar dicho cargo.

El poder en los 80
Sergio Ramírez no es solo un intelectual de renombre. Fue miembro de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional tras la caída de Somoza y vicepresidente de Nicaragua entre 1985 y 1990, durante el primer mandato de Daniel Ortega.
En esa etapa, el país vivió bajo el control del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), un periodo marcado por la guerra civil, la censura a la prensa independiente, confiscaciones y la implantación del Servicio Militar Obligatorio.
Para Sánchez, la trayectoria del novelista arrastra una contradicción moral, pues considera que su paso por la cúpula del Estado conlleva una responsabilidad histórica que aún no asume
«Las personas tienen derecho a redimirse, pero Sergio Ramírez no lo ha hecho de la manera correcta. Él puede seguir en su carrera como escritor, pero la dignidad ética para optar a cargos que exigen esa cualidad ya no la tiene», afirmó Sánchez en entrevista con Artículo 66.
La «memoria selectiva»
Uno de los puntos más críticos del debate actual surgió tras los recientes discursos del Ramírez al recibir el Premio Ortega y Gasset. En esa ocasión, el autor denunció la censura bajo la dictadura de Somoza y la actual de Daniel Ortega, pero guardó silencio sobre el cierre de medios y la represión a periodistas durante los años ochenta, cuando él era la segunda figura más importante del Estado.
Según Luciano García, opositor nicaragüense, Ramírez incurre en una «censura de la historia» al denunciar los atropellos de la dictadura somocista y la actual de Ortega, pero omitir las violaciones cometidas durante los años ochenta, cuando él mismo detentaba el poder.
García enfatiza que esta omisión ha reactivado heridas en las víctimas que nunca recibieron justicia ni reconocimiento.
«La excelencia literaria de Sergio Ramírez es indiscutible. Sin embargo, la pregunta no es si merece premios literarios -los merece-, sino si una institución como la RAE puede ignorar el contexto político en el que él también tomó decisiones que afectaron a miles de nicaragüenses. El talento no borra el daño, la memoria no puede ser selectiva», insistió.
Ética institucional vs. Prestigio cultural
Los críticos consideran que la Academia no debe convertirse en un mecanismo para «lavar la historia» de exfuncionarios con responsabilidades directas en periodos oscuros.
Sánchez rechaza la analogía que algunos defensores hacen con Mario Vargas Llosa, quien también ocupa un sillón en la Academia. Para el activista, existe una diferencia abismal entre la militancia ideológica y el ejercicio directo del poder coercitivo.
«Vargas Llosa nunca fue funcionario público, no tiene responsabilidad en cargos del Estado. Tener un pensamiento de izquierda siendo joven no es un delito; lo que es distinto es ser la vicecabeza de un Estado que tiene tantos crímenes encima. El activismo de Vargas Llosa ha sido visible y coherente en la lucha por la libertad», aclaró.
«No estamos pretendiendo que la RAE defina crímenes, sino que ponderen el criterio público y digan si consideran que tiene la ética para formar parte. Para que un país pueda sanar y entrar en libertad, se debe reconocer el daño que se hizo; Sergio Ramírez es parte de una de esas heridas», puntualiza Sánchez.
Un precedente para la cultura regional
El ingreso de Ramírez a la RAE se percibe por sus detractores como una validación de su figura pública integral. García advierte que avanzar con esta candidatura, ignorando la voz de las víctimas, envía un mensaje peligroso sobre la impunidad y la narrativa histórica.
«Si la RAE avanza con su candidatura sin considerar que él mismo ha omitido públicamente su responsabilidad en la censura de los ochenta, estaría enviando un mensaje peligroso: que la historia puede contarse selectivamente sin consecuencias. El precedente sería que la narrativa del más premiado prevalece sobre la memoria de las víctimas», concluye García.
La decisión de la RAE determinará si el sillón «L» representará solo la maestría del idioma o si también llevará consigo el peso de una historia que muchos nicaragüenses se niegan a olvidar.
Artículo66 se puso en contacto con el equipo de Sergio Ramírez Mercado, pero no logró comentarios al respecto.

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