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mié. 23 sep.
El «pacto militar secreto» de Ortega con Rusia que desafía a Estados Unidos
El «pacto militar secreto» de Ortega con Rusia que desafía a Estados Unidos. Imagen ilustrativa, generada con IA.

El «pacto militar secreto» de Ortega con Rusia que desafía a Estados Unidos

Lo que se logra ver del nuevo convenio militar entre Moscú y Managua devela inteligencia, vigilancia, cooperación estratégica y presencia militar rusa bajo protección nicaragüense.

La noche del 4 mayo, fecha en la que los sandinistas conmemoran el «día de la dignidad nacional», Daniel Ortega desafió otra vez a Estados Unidos, desde su tarima en la que intentaba mostrarse en un cuartel de guerra tropical y no en una plaza política, ante sus fanáticos con banderas rojinegras, el comandante, ya convertido en un anciano de voz quebrada y cólera intacta, hablaba con el tono de quien cree haber sobrevivido demasiadas guerras como para seguirle temiendo a una más (con la salvedad de que el nuevo dictador nunca ha combatido), pero gritó, «Ya aprendimos a no tenerles miedo (a EEUU)», frente a sus simpatizantes. Y luego lanzó una frase todavía más temeraria: «Si nos agreden, aquí sabremos defendernos de los invasores», desafió otra vez a Estados Unidos,

Y también trató de arengar a los jóvenes que le aplaudían: «Ustedes tienen el deber y el derecho de defender la paz y para defender la paz ya saben lo que tienen que hacer», les dijo. Los aplausos siguieron pero en los rostros de esos muchachos no pareciera que estén a tono con lo que en realidad Ortega quisiera que ellos hagan si ocurre en Managua algo parecido a lo que pasó en Venezuela la madrugada del tres de enero pasado.

Rosario Murillo también elevó el tono contra Washington y Europa, acusando a «los imperialistas» de querer destruir Nicaragua mientras prometía resistencia frente a cualquier intento de presión extranjera. La pareja gobernante hablaba ya no como un régimen aislado y sancionado, sino como un poder que se sabe respaldado por algo más grande que sus propias fuerzas militares.

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Los codictadores de Nicaragua se esfuerzan por hacer ver que no gobiernan un país atrapado entre sanciones internacionales y crisis política, y es que detrás de los discursos encendidos del orteguismo reapareció una sombra vieja, conocida desde los tiempos de la Guerra Fría: Rusia, esgrimiendo un nuevo acuerdo militar que, al parecer, es lo que ha envalentonado de nuevo a los tiranos pinoleros.

Y entonces surgen las preguntas inevitables. ¿A qué se atienen realmente Ortega y Murillo para desafiar públicamente el poderío militar de Estados Unidos? ¿Se sienten protegidos por el nuevo acuerdo de cooperación militar firmado en Moscú en septiembre de 2025 por el jefe del Ejército nicaragüense, Julio César Avilés, y posteriormente ratificado por la Duma rusa y por Vladimir Putin? ¿Qué contiene ese acuerdo que el régimen ha manejado con tanto hermetismo y que, según expertos, podría abrir las puertas a una presencia estratégica rusa sin precedentes en Centroamérica?

Artículo 66 rastreó en portales oficiales y agencias de noticias rusas el texto íntegro del acuerdo, y aunque no es público totalmente, sí logramos destacar los aspectos más importantes y analizarlos a través de expertos en temas de defensa y seguridad y aquí te presentamos el nuevo acuerdo de cooperación militar Rusia-Nicaragua que ha envalentonado de nuevo al matrimonio tiránico de Nicaragua.

Rusia y Nicaragua en nuevo acuerdo militar 

El acuerdo fue firmado el 22 de septiembre de 2025 en Moscú entre el general de Ejército y comandante en jefe del Ejército de Nicaragua Julio César Avilés y el ministro de la Defensa ruso Andréi Beloúsov, pero fue mantenido en secreto. 

Fue conocido oficialmente hasta su ratificación por el parlamento ruso el pasado 22 de abril de 2026 y firmado por Vladímir Putin el 03 de mayo. Aunque el texto completo no ha sido publicado íntegramente, fragmentos oficiales difundidos por autoridades rusas y medios especializados permiten reconstruir su alcance real.

El jefe del Ejército de Nicaragua, Julio César Avilés y el ministro de defensa de la Federación de Rusia, Andréi Beloúsov, tras firmar el nuevo acuerdo de cooperación militar en septiembre de 2025 en Moscú. 

El alcance estratégico del acuerdo

El acuerdo que oficialmente se denomina «Convenio intergubernamental sobre cooperación militar con la República de Nicaragua», establece las «bases legales necesarias» para la cooperación militar entre ambos países y abre un abanico de posibilidades mucho más amplio que los convenios militares tradicionales firmados anteriormente por Managua.

Uno de los primeros puntos del acuerdo es el «intercambio de información militar». Sobre el papel, la frase parece rutinaria.

Pero para el analista político nicaragüense y profesor de práctica en Democracia Global en la Universidad de Virginia, Félix Maradiaga, detrás de esa formulación se esconden implicaciones mucho más profundas.

«Estamos hablando de intercambio de inteligencia estratégica y eventualmente de acceso a información sensible de seguridad regional», explicó Maradiaga en su análisis hecho tras una consulta de este medio de comunicación. El académico y dirigente opositor nicaragüense sostiene que esta cláusula abre la puerta a cooperación en vigilancia electrónica, monitoreo regional e intercambio de datos sensibles sobre movimientos migratorios, operaciones de seguridad y comunicaciones, incluso para espiar a las sedes diplomáticas de otros países.

Otro de los apartados habla de «coordinación frente a amenazas globales y regionales». Maradiaga advierte que ese lenguaje es deliberadamente ambiguo y permite ampliar enormemente el margen de actuación militar rusa en Nicaragua.

Rusos podrán perseguir a la oposición nicaragüense 

«Cuando un régimen autoritario habla de amenazas globales o extremismo, puede incluir prácticamente cualquier forma de oposición política o conflicto regional», sostiene. A su juicio, el acuerdo podría terminar justificando cooperación rusa incluso en tareas vinculadas a control interno, inteligencia política o vigilancia social.

El convenio también menciona cooperación contra «terrorismo y extremismo». Para Maradiaga, esa es una de las cláusulas más delicadas.

«Ese tipo de conceptos en manos de dictaduras terminan convirtiéndose en herramientas para criminalizar a la disidencia», afirmó. Según el opositor, Rusia exporta a Nicaragua no solamente entrenamiento militar, sino también modelos de control político y seguridad inspirados en estructuras autoritarias del Kremlin.

Otro punto aparentemente técnico es el relacionado con «entrenamiento conjunto de tropas». Pero precisamente allí es donde, según Maradiaga, aparece uno de los elementos más sensibles del acuerdo.

«No hace falta anunciar una base militar formal para tener presencia militar permanente», explicó. «Basta con desplegar instructores, asesores, personal técnico y operaciones conjuntas continuas», agrega el exreo político.

La explicación del analista es importante porque el texto conocido del acuerdo no contiene una cláusula explícita que diga que Rusia podrá instalar bases militares en Nicaragua. No existe —al menos en los fragmentos divulgados públicamente— una disposición que hable de cesión territorial o establecimiento permanente de cuarteles rusos.

Sin embargo, Maradiaga sostiene que el acuerdo debe leerse más allá de su literalidad jurídica.

«Las bases militares del siglo XXI ya no necesariamente son enormes complejos llenos de tanques. Hoy pueden ser centros de inteligencia, estaciones satelitales, plataformas de monitoreo electrónico o instalaciones tecnológicas operadas discretamente», advirtió.

Y es precisamente allí donde reaparece el fantasma de las instalaciones rusas construidas en Nicaragua durante la última década.

Estación satelital rusa instalada en Managua, supuestamente como estación terrena del sistema GLONASS pero que en realidad es una estación de espionaje, según expertos.

El caso más emblemático es la estación asociada al sistema satelital GLONASS, el equivalente al sistema GPS de Estados Unidos, levantada cerca de Managua bajo cobertura científica. Oficialmente, Rusia ha insistido en que se trata de un proyecto civil de navegación satelital. Pero expertos en seguridad llevan años advirtiendo que ese tipo de infraestructura posee capacidades duales.

El consultor en defensa Roberto Cajina ya había alertado sobre el hermetismo alrededor de esas instalaciones. «Se ha dicho que tiene fines civiles, pero el alto grado de secretismo hace sospechar», declaró en un análisis que Cajina le brindó a la cadena internacional BBC de Londres, en junio del 2017.

El acuerdo también contempla protección jurídica para personal ruso destacado en Nicaragua. Para Maradiaga, ese punto es clave.

«Cuando un acuerdo establece protección legal especial para personal extranjero, estamos hablando ya de presencia operativa en territorio nacional», afirmó. Según explica, esa disposición podría facilitar el ingreso y permanencia de asesores militares, técnicos especializados y operadores de inteligencia rusos bajo un esquema protegido por el propio Estado nicaragüense.

El convenio incluye además intercambio y protección de información clasificada. Maradiaga considera que esa cláusula podría consolidar una arquitectura regional de inteligencia favorable al Kremlin.

«No estamos hablando solo de armas. Estamos hablando de sistemas de vigilancia, guerra electrónica y control estratégico de información», sostuvo.

La preocupación no es meramente teórica. Durante la Guerra Fría, Nicaragua se convirtió en el principal aliado soviético en Centroamérica. Entre 1982 y 1987, la Unión Soviética entregó miles de toneladas de armamento, helicópteros de combate, radares, sistemas antiaéreos y entrenamiento especializado para el Ejército Popular Sandinista.

Un informe elaborado por la plataforma de investigación Expediente Abierto, denominado «Huellas estratégicas de Rusia en Nicaragua», profundiza en la estrategia del Kremlin para afianzarse en la región mediante acciones de cooperación política, militar, policial y propagandística. Asimismo, el estudio sostiene que, aunque Moscú mantiene una presencia económica limitada, ha fortalecido una influencia estructural sobre el régimen de Ortega mediante «cooperación militar, entrenamiento policial e infraestructura estratégica».

En el plano militar, el informe destaca que la cooperación se ha intensificado desde 2015 mediante «intercambios de experiencia, programas de capacitación y la participación de personal nicaragüense como observador en actividades realizadas en Rusia».

El estudio advierte además que la cooperación militar rusa ha servido para reforzar el aparato de seguridad del régimen sandinista, mediante «entrenamiento policial y militar de instructores rusos», acuerdos de ciberseguridad, intercambio de inteligencia estratégica y operaciones conjuntas de vigilancia marítima y aérea. 

También menciona la capacitación de más de 2,353 policías latinoamericanos en el centro ruso instalado en Managua, presentado oficialmente como un espacio regional de formación antidrogas. Para Expediente Abierto, estas acciones reflejan «la voluntad rusa de mantener un pie firme en el hemisferio occidental», mientras el gobierno de Ortega utiliza esa alianza para fortalecer «su capacidad coercitiva» y resistir presiones internacionales.

Rusia y el apoyo a los sandinistas

Documentos desclasificados de la CIA revelan que solamente entre 1984 y 1987 llegaron a Nicaragua más de 14 mil toneladas de material militar soviético. Otros informes estimaron en casi 2 mil millones de dólares la ayuda militar directa entregada por Moscú en la década de los ochenta.

Muchos oficiales nicaragüenses fueron entrenados en academias militares soviéticas y rusas. Parte del armamento de origen soviético continúa todavía operativo dentro de las fuerzas armadas nicaragüenses. Helicópteros Mi-17, fusiles AK y estructuras doctrinarias heredadas del modelo soviético siguen formando parte del aparato militar del país.

Aquella alianza desapareció con el colapso de la Unión Soviética y fue, precisamente, la caída de la URSS la que dejó huérfano a Ortega en aquella primera dictadura rojinegra, que terminó por forzarlo a entregar el poder en una elección libre en 1990. Pero aun con todo, esa cercanía del sandinismo se mantuvo viva y ahora, con el retorno de Ortega al poder y con Rusia en otra posición, esos nexos se reconstruyeron con bastante facilidad, al amparo del sentimiento antiestadounidense del Kremlin y de sus aliados, en este caso del nuevo dictador de Managua.

Otro experto en temas de defensa y seguridad con estudios en el Centro de Estudios Hemisféricos de Defensa (CHDS), de la Universidad de Defensa de Estados Unidos, consultado por Artículo 66, aceptó hablar a condición de no revelar su nombre y sostiene que, el nuevo acuerdo representa una evolución de aquella cooperación histórica. El analista opina que el objetivo ya no sería construir una gran alianza militar visible, sino desarrollar capacidades tecnológicas y estratégicas más discretas, difíciles de detectar y políticamente menos costosas para Moscú.

Centro de entrenamiento ruso en Managua, donde permanecen militares de ese país adiestrando a policías y militares supuestamente para la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo.

El experto advierte que Nicaragua ofrece condiciones ideales para esa estrategia: una alianza política absoluta con el Kremlin, debilidad institucional y una ubicación geográfica estratégica en el centro del continente.

Por eso el nuevo acuerdo despierta inquietud en Washington.

El experto en estrategia rusa Stephen Blank desde 2022 ha venido advirtiendo, según una nota publicada por La Prensa, que Moscú podría utilizar Nicaragua como plataforma estratégica contra Estados Unidos. «Rusia puede convertir a Nicaragua en una base naval con la mirada puesta en Estados Unidos», señaló en declaraciones recogidas en aquel entonces por el medio nicaragüense.  

Blank incluso comparó el posible papel de Nicaragua con países como Siria o Sudán, donde Rusia ha establecido presencia militar indirecta mediante acuerdos de cooperación y despliegues limitados, sin necesidad de instalar gigantescas bases tradicionales.

Pero incluso entre quienes alertan sobre la expansión rusa existe consenso en un punto: Moscú difícilmente tiene hoy la capacidad económica y logística para construir en Nicaragua una base militar convencional comparable a las soviéticas de la Guerra Fría.

La guerra en Ucrania ha drenado enormes recursos militares rusos, materiales y humanos, al punto que, para sostenerse en el conflicto ucraniano, ha tenido que reclutar mercenarios en Cuba, Corea del Norte y África. Mantener una gran infraestructura militar permanente en Centroamérica implicaría costos multimillonarios, enormes cadenas logísticas y un riesgo geopolítico directo frente a Estados Unidos.

Por eso la hipótesis más plausible no es la de una base clásica con miles de soldados rusos desplegados frente al Caribe, sino algo mucho más silencioso y moderno: inteligencia electrónica, cooperación tecnológica, presencia militar rotativa y capacidades de vigilancia regional.

Y quizá precisamente por eso el acuerdo permanece parcialmente oculto.

Porque el verdadero poder de este nuevo convenio no está necesariamente en lo que dice abiertamente, sino en aquello que permite desarrollar sin demasiada supervisión pública.

En Managua, mientras Ortega desafía otra vez a Estados Unidos desde una tarima cargada de símbolos desgastados de lo que fue la revolución sandinista que derrocó a la otra tiranía, a la de la dinastía somocista, vuelve a sentirse el eco lejano de los años ochenta. Pero esta vez los rusos no parecen regresar con tanques ni misiles visibles. Regresan con antenas, satélites, inteligencia y acuerdos redactados con el lenguaje ambiguo de las nuevas guerras.

Y en esa ambigüedad, precisamente, es donde el régimen nicaragüense parece encontrar el valor para vociferar otra vez de frente a Washington, y particularmente contra el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el secretario de Estado, Marco Rubio, que han declarado abiertamente su interés de acabar con lo que en la Casa Blanca han bautizado como la troika de la tiranía: Cuba, Venezuela y Nicaragua.

ARTÍCULO 66 es un medio de comunicación nicaragüense que trabaja desde el exilio debido a la persecución del Estado contra la prensa independiente. Algunas de nuestras informaciones no revelan la identidad de nuestras fuentes ni están firmadas por nuestros periodistas por razones de seguridad.

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