V-Dem 2026: Nicaragua se hunde en el ranking mundial bajo un proceso de «autocratización» acelerado

Nicaragua ha dejado de ser una democracia para convertirse en uno de los regímenes más herméticos y represivos del planeta. El más reciente informe de Variedades de Democracia (V-Dem) 2026, revela que el país ocupa ahora el puesto 175 de 179 naciones evaluadas, situándose en el «top 10» de los países menos democráticos del mundo.
El estudio, desarrollado por el instituto con sede en la Universidad de Gotemburgo, señala que Nicaragua ha sufrido una de las caídas más abruptas en el Índice de Democracia Liberal (IDL) a nivel global, superada únicamente por Afganistán.
Esta degradación no es un evento aislado, sino el resultado de dos décadas de desmantelamiento institucional bajo el control de Daniel Ortega y el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN).
Hacia la «Autocracia Cerrada»
El informe es tajante al describir la velocidad del retroceso nicaragüense. En tan solo 10 años, el país pasó de conservar rasgos mínimos de democracia electoral a un nivel de 0.0 en la escala de democracia liberal, lo que refleja una ausencia total de libertades.
«Nicaragua es uno de los casos más dramáticos de autocratización en la última década. El país ha experimentado una caída significativa y sostenida en casi todos los indicadores de democracia liberal, situándose ahora entre los regímenes más represivos del mundo», cita textualmente el reporte.
El panorama electoral global muestra, según el último informe de V-Dem, que en el 50% de las naciones que transitan hacia la democracia se reportan avances significativos en la integridad de sus procesos, mientras que existe un grupo crítico de 20 países, incluyendo a Nicaragua, donde ocurre lo opuesto.
El panorama democrático en América Latina y el Caribe presenta una profunda fragmentación, donde apenas el 4% de la población habita en democracias liberales sólidas, como las de Chile, Costa Rica y Uruguay.
Mientras la mayoría de la región (64%) se mantiene bajo democracias electorales, un alarmante 9% de los habitantes ya vive bajo regímenes autocráticos.
En este último grupo, Nicaragua y Venezuela se consolidan como autocracias electorales, mientras que Cuba y Haití se hunden en el nivel de autocracias cerradas, representando el sector más restrictivo del continente.
La brecha de retroceso en Nicaragua es calificada por los expertos de V-Dem como un proceso «violento y radical», representado gráficamente por una de las líneas de caída más largas y profundas en la historia del índice y que también podría ubicarse entre las naciones con «autocracias cerradas».
El desmantelamiento de la libertad
El informe documenta cronológicamente cómo el régimen socavó la calidad de las elecciones, abolió los límites del mandato presidencial y eliminó la competencia política.
V-Dem destaca que, en febrero de 2025, la consolidación del «poder absoluto» alcanzó su punto máximo cuando Ortega y su esposa, Rosario Murillo, modificaron la Constitución para instaurar la figura de «copresidentes».
La persecución contra los pilares de la sociedad civil es otro de los puntos críticos resaltados:
«El cierre masivo de organizaciones de la sociedad civil y la represión contra instituciones religiosas en Nicaragua reflejan un esfuerzo deliberado por eliminar cualquier forma de organización autónoma que pueda desafiar al poder ejecutivo», señala V-Dem.
Prensa bajo asedio
Para el instituto de investigación, el discurso público disidente ha sido erradicado del territorio nacional. La criminalización del ejercicio periodístico ha forzado a la totalidad de la prensa independiente al exilio o al silencio.
«La situación de la libertad de prensa en Nicaragua es crítica. El cierre de medios independientes y la persecución judicial contra periodistas han eliminado prácticamente cualquier espacio para el discurso público disidente dentro del país», sentencia el informe.
Con un puntaje que lo coloca al mismo nivel de regímenes totalitarios como Afganistán y Myanmar, Nicaragua cerró 2025 bajo una «trayectoria de deterioro que no muestra signos de reversión» para este 2026.
Para los especialistas, el país ha cruzado el umbral de las autocracias electorales para cimentarse como una autocracia cerrada, donde la voluntad ciudadana ha sido sustituida por el control dinástico de la familia Ortega-Murillo.

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