Colonos invasores asesinan a un anciano indígena mayangna en Mukwas, Bonanza

La revista indígena centroamericana Prâhaku denunció que la madrugada de este martes, 16 de septiembre, fue asesinado el indígena mayangna identificado con las iniciales B. A. M., de 69 años, en la comunidad de Mukwas, municipio de Bonanza, en la Región Autónoma de la Costa Caribe Norte de Nicaragua.
Según informaron fuentes comunitarias a Prâhaku, la víctima se encontraba en su finca cuando un grupo de colonos armados irrumpió y lo atacó a balazos, provocándole la muerte inmediata. El crimen ha generado consternación en Mukwas, una comunidad que desde hace años enfrenta presiones violentas de colonos que intentan apropiarse de los territorios comunales.
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«No es un caso nuevo, los pueblos mayangna hemos sido masacrados, asesinados, desplazados y amenazados por parte de invasores», expresaron miembros de la comunidad citados por la revista indígena.
Una década sangrienta
Organizaciones indígenas han documentado que en los últimos diez años al menos 80 indígenas mayangna y miskitu han sido asesinados en la Muskitia nicaragüense como resultado de la violencia armada de colonos invasores. Estos ataques incluyen no solo asesinatos, sino también quema de viviendas, destrucción de cultivos y desplazamientos forzados.

Entre los episodios más recordados se encuentra la masacre en la comunidad de Alal, en enero de 2020, cuando colonos armados asesinaron a cuatro mayangnas, y la brutal incursión en Kiwakumbaih, donde también se registraron múltiples víctimas y familias desplazadas.
Pese a la gravedad, estos hechos permanecen mayoritariamente en la impunidad. Diversas organizaciones denuncian que las autoridades estatales no investigan ni castigan a los responsables, consolidando un patrón de violencia sistemática contra los pueblos indígenas.
Denuncias internacionales ignoradas
Organizaciones indígenas y de derechos humanos han advertido que estos ataques constituyen un etnocidio, pues buscan despojar a los pueblos originarios de sus tierras ancestrales y atentar contra su supervivencia cultural.

El Estado de Nicaragua ha sido señalado en reiteradas ocasiones por su pasividad. En la última década, al menos 15 resoluciones y medidas cautelares emitidas por organismos internacionales de derechos humanos —incluida la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH)— han sido desoídas por el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, quienes mantienen una política de omisión frente a las agresiones.
Temor y resistencia
El asesinato de B. A. M. se suma a una larga lista de crímenes que amenazan la existencia misma de los pueblos indígenas. Líderes comunitarios insisten en que no solo está en riesgo la seguridad de las familias, sino la supervivencia cultural de los mayangna y miskitu.
«La violencia no solo nos quita vidas, también nos arranca nuestra historia y nuestra cultura», advirtieron dirigentes comunitarios consultados por Prâhaku.

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