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lun. 19 oct.
«Los Goyos», la red de sandinistas radicales y espías de Lenín Cerna que representan un peligro para Rosario Murillo
«Los Goyos», la red de sandinistas radicales y espías de Lenín Cerna que representan un peligro para Rosario Murillo

«Los Goyos», la red de sandinistas radicales y espías de Lenín Cerna que representan un peligro para Rosario Murillo

Son hombres de línea dura del FSLN. Operan en las sombras. Expertos en montajes, espionaje e infiltración. También han ejecutado operaciones criminales, asesinatos políticos y cualquier tipo de trabajo sucio.

Las contradicciones entre el temido exjefe de la Dirección de Seguridad de Estado (DGSE) de los años 80 Lenín Cerna Juárez, y la codictadora Rosario Murillo estarían en un punto pico, al grado que, hasta se ha rumorado de una posible fuga de Cerna ante una supuesta orden de captura lanzada desde El Carmen. Esa noticia ha inundado las redes sociales y los titulares de los medios de comunicación independientes desde el pasado 31 de agosto. 

Versiones periodísticas señalan que Murillo estaría temerosa de que el exjefe de la DGSE, considerado uno de los hombres más temidos de la década de los 80 y sandinista radical, encabece, junto a una numerosa y extendida red de colaboradores sandinistas históricos, una conspiración que frustre sus planes de asumir el control absoluto del Gobierno y del Frente Sandinista una vez que desaparezca Daniel Ortega.

Ante ese miedo, supuestamente, la mujer de Ortega desató una intensa cacería contra el otrora hombre fuerte de los comandos electorales y otros dirigentes rojinegros. Los analistas tienen conclusiones encontradas. Por un lado unos creen que se está fraguando un verdadero enfrentamiento entre los Sandinistas radicales de línea dura, encabezados por Cerna, y los “sandinistas rosas” de Rosario Murillo. Otros opinadores valoran que eso no sucederá porque los sandinistas tanto rosas como radicales tienen demasiados intereses políticos y económicos en juego que no van a arriesgar en una pelea interna.

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Lenín Cerna, izquierda, junto a Rosario Murillo y Daniel Ortega, durante tiempos en que la vicedictadora lo toleraba a la par suya en las tarimas oficiales. Foto: La Prensa.

Sin embargo, fuentes que filtran información a diferentes medios de comunicación indican que Cerna supuestamente se fugó de su casa desde el pasado 26 de julio, llevándose con él a su esposa, la teniente coronel del Ejército en retiro, exmagistrada electoral y excontralora, Marisol Castillo, y varios de sus familiares, y su huida a la vez habría activado a los «Los Goyos», una basta red de exagentes de la Seguridad del Estado, altos jefes militares y simpatizantes sandinistas radicales que lo estarían encubriendo y a la vez, se estarían preparando para tomar el contraataque contra Murillo, a quien acusan de menospreciar a los históricos y desmontar el sandinismo para fundar sobre él una especie de dinastía murillista. No obstante, más recientemente, fuentes citadas por la plataforma La Mesa Redonda, niegan que el exjefe de espías esté en fuga y supuestamente estaría “tranquilamente”, en Managua. 

Pero, en fuga Cerna o no, indagamos sobre las interrogantes que saltan de entre ese conflicto. ¿Por qué le temería tanto Murillo al exjefe de la DGSE y a su gente? ¿Es realmente un peligro Cerna para las pretensiones dinásticas de la actual codictadora? La llamada red de colaboradores que algunos sandinistas relegados identifican como «Los Goyos» ¿Es real o un mito tejido en torno al temido espía?

Artículo 66 indagó entre conocedores de la agencia de espionaje sandinista de los años 80, consultamos a analistas y de 6 solicitudes de entrevistas que enviamos, dos fueron rechazadas de plano, y otras dos fueron respondidas en condición de anonimato por seguridad. Todos dan muestras de reserva para hablar de ese tema.

Pero coinciden en algo: Murillo «va con todo» contra el sandinismo histórico y sus representantes que podrían ser el principal obstáculo para su dinastía, entre ellos Lenín Cerna y «Los Goyos». «La guerra entre ellos está declarada», dicen.

Así se formaron «Los Goyos», que tienen en pánico a Murillo

Tras el triunfo la revolución sandinista en 1979, el nuevo régimen que sustituyó a la dictadura somocista, fundó un órgano de inteligencia para reprimir y vigilar, y lo llamaron Dirección General de Seguridad del Estado (DGSE), siglas que llegarían a convertirse en el terror de la población nicaragüense, y al frente de ese organismo nombraron casi desde su fundación el comandante guerrillero y de brigada Reinaldo Gregorio Lenín Cerna Juárez, quien llegó a ser considerado uno de los agentes de inteligencia más fríos y temibles del sandinismo de los años 80, tanto así que, uno de los informantes que habló con este medio de comunicación lo calificó como «el más inescrupuloso» de los agentes de inteligencia y de los más leales a Daniel Ortega.

En 1990, con la derrota electoral sufrida por los sandinistas a manos de la Unión Nacional Opositora (UNO), con doña Violeta Barrios de Chamorro a la cabeza, una de las primeras exigencias de la transición fue desmontar la Seguridad del Estado, pero eso realmente nunca ocurrió. Los principales jefes del órgano represivo fueron reubicados en la Policía y el Ejército. En el caso de Cerna, lo trasladaron al Ejército con el grado de Coronel, y su agencia fue cambiada de nombre, pasó a llamarse Dirección de Información para la Defensa (DID), bajo control del Ejército, donde se mantiene hasta ahora. «Es que un agente de inteligencia nunca se retira, es puesto en descanso, se deja en latencia, pero listo para ser llamado», explicó un conocedor de la DGSE que habló con este medio. 

Cerna se mantuvo en el Ejército hasta 1999, cuando pasó a retiro pero como dice nuestra fuente, «un espía nunca se retira» y el principal agente de espionaje sandinista quedó al mando de una vasta red de colaboradores, que se identifican con la llamada «línea dura» del sandinismo que no comulgan con la codictadora Rosario Murillo y por el contrario, la detestan porque ella también los desprecia.

«Son exagentes de inteligencia, entrenados en operaciones especiales encubiertas, vigilancia, enmascaramiento, en fin todas las técnicas de espionaje; son letales y además leales al sandinismo histórico, leales a Lenín (Cerna) y disciplinados», insistió el analista.

Estos son «Los Goyos»

La red de adeptos a Cerna y que también se identifican con el comandante de la revolución Bayardo Arce, ya capturado por la Policía de la dictadura, se menciona desde que Ortega regresó al poder, y les llamaban los «sandinistas históricos» o «la línea dura», pero la primera referencia como «Los Goyos»  —que es un hipocorístico de Gregorio, uno de los nombre de Cerna—, la hicieron el exdirigente de la UNEN Jasser Martínez y el exsecretario político departamental del FSLN en Managua, el orteguista Edgardo Cuarezma en una llamada telefónica cuya grabación fue filtrada a este medio de comunicación y publicada en 2021 en la que despotrican contra Murillo y Ortega.

En dicha comunicación el exdiputado Martínez y el exoperador Cuarezma, a quien se le identifica como seguidor de la línea dura de Cerna, mencionaron que una vez el sandinismo caiga en descalabro, algunos actuales dirigentes plegados a la codictadora Murillo van a tener que buscar protección entre los de la línea dura, a los que llaman «Los Goyos», quienes, según dicen, no estarían dispuestos a proteger a murillistas como Gustavo Porras, actual presidente del Legislativo; y a Fidel Moreno, secretario general de la Alcaldía de Managua y alcalde de facto de la capital.

Los principales jefes de «Los Goyos» son todos exguerrilleros, destacados jefes militares durante la guerra de los 80 y efectivos agentes de inteligencia, contrainteligencia y conspiradores de la DGSE. Un exintegrante de la Seguridad del Estado que asegura estar retirado, señala a los principales jefes del grupo que tendrían en pánico a Murillo:

Jefe:  Lenin Cerna, coronel en retiro, exjefe de la DGSE, entrenado por expertos en espionaje de Cuba, Union Sovietica, Alemania Democrática y Bulgaria. Señalado como uno de los autores intelectuales y/o materiales de una serie de asesinatos políticos entre ellos el del exmayor de la Guardia Nacional de Somoza Pablo Emilio Salazar y del empresario Jorge Salazar; del periodista y su colega sandinista Carlos Guadamuz y, aunque no se dice públicamente, algunos exjefes de la Resistencia Nicaragüense creen que Cerna tomó parte en el asesinato del coronel y exjefe de la Contra Enrique Bermúdez Varela (Comandante 380). 

Cerna es visto como un conspirador nato, organizador de redes de vigilancia tan efectivas que le temen dentro del mismo sandinismo. Sus relaciones con oficiales de inteligencia del Ejército aún persisten.

Juan José Úbeda, segundo jefe de la DGSE, bajo el mando de Cerna dirigió operativos de inteligencia dentro y fuera de Nicaragua. Visto como uno de los antiguos agentes de la Seguridad más disciplinados y leales al sandinismo de línea dura y orteguista tanto como Cerna.

Vicente (El Perro) Chávez, uno de los principales jefes de la DGSE en los años 80. Al igual que Cerna, recibió entrenamiento y asesoría de agentes cubanos, soviéticos y alemanes. Aún en el cargo de contralor de la República.

Rafael Rodolfo (Payín) Castillo, supuestamente ya preso, guerrillero, integrante del Frente Norte durante la insurrección de 1979, lugarteniente de Cerna en la Seguridad del Estado durante la década de los 80.

Glauco Robelo Callejas, general de brigada en retiro, exjefe de inteligencia y contrainteligencia del Ejército; con destacada participación como jefe durante la guerra de los 80. Señalado como uno de los principales organizadores y comandantes de los grupos de paramilitares que la dictadura sandinista lanzó contra población civil en 2018 para aplastar las protestas sociales de ese año, bajo las órdenes de Cerna y bajo coordinación de Edén Pastora.

Leonel Gutiérrez López, exoficial de alto rango en la DGSE y actual jefe de Inteligencia y contrainteligencia del Ejército.

Rigoberto (Rigo) Valladares Sandoval, exjefe de la Dirección de Información para la Defensa (DID). Esa dependencia funciona como la «inteligencia política» del sandinismo en las fuerzas castrenses. Lo removieron, supuestamente por intervención de Rosario Murillo. «A Balladares le dictaron en junio una suspensión temporal y una investigación; y un mes después, en julio de 2024, lo separaron del cargo de forma definitiva», publicó en agosto de 2024 el medio Confidencial.

Antenor (El Capi) Rosales. Coronel en retiro del Ejército, exjefe de Inteligencia de las Fuerzas Armadas y expresidente del Banco Central de Nicaragua (BCN). La fuente que habló con este medio bajo condición de anonimato recordó que Rosales, mientras era presidente de la institución bancaria, en una reunión de Gabinete «le golpeó la mesa» a Rosario Murillo en respuesta a un regaño de la vicedictadora. «Mira Rosario, mi madre ya se murió», le habría dicho el Capi Rosales a Murillo pegando una palmada sobre la mesa.

A la izquierda, Lenín Cerna; a la derecha, Daniel Ortega; y al fondo, Antenor «El Capi» Rosales, en sus tiempos de jefes del Ejército.

Rosales fue separado de su cargo en el BCN en febrero de 2012, luego de que el funcionario criticó el manejo antojadizo de las reservas internacionales del país. 

Ana Julia Guido Ochoa. Comisionada general de la Policía en retiro.  Exguerrillera. Fue conocida en la clandestinidad y en las labores de la guerrilla con el seudónimo de «La Xochilt». Identificada como una guerrillera muy cercana a Lenín Cerna y Bayardo Arce. Fue jefa de operaciones de la sección de seguridad personal en la DGSE y subordinada directa de Cerna. Es todavía Fiscal General de Nicaragua y quién dirigió lo que organismos de derechos humanos llamaron la «fábrica de acusaciones falsas» contra opositores para aplicarles condenas por supuesta traición a la Patria.

Armando Juárez. Pariente de Lenín Cerna Juárez. Exinspector general de la Fiscalía, donde lo puso el propio Cerna para atender políticamente a los fiscales por parte del FSLN. Luego, la dictadura lo promovió al cargo de magistrado de la Corte Suprema de Justicia.

Juana Méndez Pérez. Magistrada de la Corte Suprema de Justicia (CSJ). Es una de las figuras que controla la red de operadores judiciales vinculados a la DGSE que responden a Lenín Cerna. Es una de esas funcionarias de la justicia que precisamente fueron enviadas a estudiar leyes para infiltrarlas en el Poder Judicial. Ocupa el cargo de magistrada desde el 2007. Fue propuesta por Daniel Ortega como parte del Pacto Libero-Sandinista, con el objetivo de garantizar la defensa de los intereses del FSLN dentro del Poder Judicial.

Su trayectoria política se remonta a la guerrilla, donde combatió como militante sandinista y fue pareja del guerrillero Walter Ferretti, a quien brindó protección junto a otros combatientes.

Antes de llegar a la Corte Suprema, Méndez se desempeñó como jueza de distrito y asumió casos de alto impacto político. Entre ellos, la acusación por violación presentada en 1998 por Zoilamérica Ortega Murillo contra Daniel Ortega, proceso en el que dictó un sobreseimiento alegando prescripción del delito. Estaba cumpliendo órdenes para proteger a su líder.

Méndez también llevó juicios emblemáticos por corrupción contra figuras como el expresidente Arnoldo Alemán y el exdirector general de Ingresos de su administración, Byron Jerez, quienes fueron condenados a 20 años de prisión. Hoy, consolidada en la cúpula judicial, es considerada parte del núcleo sandinista que se enquistó en el aparato judicial y mantiene un férreo control político sobre la justicia en Nicaragua.

Carlos Bendaña Sequeira. Excomisionado mayor  de la Policía. Fue agente de la DGSE bajo el mando de Cerna. Formó parte de una red de corrupción de recaudación de dinero supuestamente para financiar actividades del FSLN, dirigida por Cerna, a través de operaciones de devoluciones fiscales que funcionaba en la Dirección General de Ingresos (DGI) cuando esa institución estaba dirigida por Walter Porras, quien cayó en desgracia después de una investigación policial que ordenó la propia Rosario Murillo en el 2011.

Walter Porras. Militante sandinista leal a Ortega y a Lenin Cerna. Fue titular de la Dirección General de Ingresos desde donde, bajo el mando del exjefe de la DGSE dirigió la red de corrupción que recaudaba millones de córdobas de manera irregular que luego los entregaban a la secretaría de organización del partido sandinista. Supuestamente lo sacrificaron cuando se supo de ese entramado de corrupción con devoluciones fiscales, cuyos peritaje filtró la gente de Murillo.

Oscar Moncada Lau. actual titular de la Dirección General de Aduanas (DGA) Managua, hermano del asesor presidencial en temas de seguridad y espionaje Néstor Moncada Lau, quien a la vez funcionó por años como subalterno de Cerna. De Néstor Moncada Lau se ha dicho que es quien tiene ahora el mando de las labores de inteligencia del partido sandinista y que se subordina a Murillo.

También, en círculos políticos se perfila a Moncada Lau como el nuevo operador del FSLN para «atender» a la Policía y a los sistemas de espionaje para proteger las pretensiones sucesorias de Murillo, aunque versiones encontradas apuntan a que Moncada sigue fiel a su jefe Lenín Cerna y que ambos mantienen el control del aparato de inteligencia desde las oficinas del partido en El Carmen.

Francisco Noel Jarquín López, recién ascendido general de brigada y actual segundo jefe de la DID.

Judith Reyes Balmaceda, operadora de confianza de Cerna, quien formó parte de la red de corrupción de la DGI. Esta mujer más que operadora de inteligencia, estaría a cargo de moverse como «gestora»  y mandadera de la extorsión y operaciones financieras de Cerna con empresas privadas.

En teoría, las labores de Reyes Balmaceda fueron liquidadas con la caída de Walter Porras en la DGI, pero eso está por verse.

Otros invisibles

Debajo de ellos, dice la fuente, aún quedan activos dentro de las instituciones del Estado decenas de funcionarios en diversos niveles que podrían estar incluso en el Ejército y la Policía. «A nadie con nivel medio de inteligencia se le podría ocurrir que Cerna y Arce no se iban a proteger formando una vasta y sólida red de colaboradores y mucha información «altamente sensible traspuesta, como garantía de sus vidas, siendo ellos tan conspiradores», añade el informante.

Así nacieron Los Goyos

Un «exmiembro» de la DGSE, que se desempeñó como juez de distrito en varios juzgados del país, contó a Artículo 66 que para mediados de los años 80, tanto Tomás Borge como Cerna, ambos en el Ministerio de Interior (Mint), le recomendaron a sus agentes y cuadros que estudiaran la carrera de Derecho, que se hicieran abogados, que esa era la principal carrera para ellos, y facilitaron todo lo necesario para que agentes de la DGSE y oficiales del Mint se graduaran de abogacía. Esa insistencia se mantuvo durante los primeros años de la década del 90, tras el retiro de centenares de oficiales militares.

De esa forma, poco a poco, muchos exagentes de la Seguridad del Estado y exoficiales (supuestamente ya en retiro) y del Ejército, se graduaron como abogados. Los infiltraron en el Poder Judicial, como jueces y secretarios de los tribunales.

Tras el pacto Ortega-Aleman en el año 2000, estos exagentes llegaron a magistraturas de la Corte Suprema de Justicia y de tribunales de apelaciones. Estos a su vez empezaron a nombrar más y más exagentes en todos los juzgados del país. Además, tras el regreso al poder de Ortega en 2007, Tanto Bayardo Arce como Lenín Cerna se encargaron, por parte del FSLN, de atender políticamente a sus cuadros dentro del Poder Judicial y siguieron nombrando en cargos de importancia a sus fichas. De esa manera Arce y Cerna fueron consolidando una vasta red de leales a ellos, a Ortega y al FSLN, pero no a Murillo.

De esa forma se configuró un numeroso grupo de exjefes y exespías de la DGSE que respetan y admiran a Cerna, y guerrilleros y colaboradores históricos que siguen a Bayardo Arce. Nacieron «Los Goyos».

Por ello no es casualidad que, Murillo en su búsqueda del poder absoluto, una de las instituciones que atacó con más dureza y prácticamente barrió a todos los veteranos sandinistas fue la Corte Suprema de Justicia y todas sus dependencias, incluyendo a la presidente de ese Poder del Estado, Alba Luz Ramos, y casi todos los magistrados que, al parecer, respondían a Arce o a Cerna, reseñó el agente que trabaja ahora como judicial.

La Seguridad del Estado que comandó Cerna

La DGSE fue fundada en agosto de 1979, pero Lenín Cerna asumió su mando hasta mediados de 1980 para convertirla en una «policía secreta» y de inteligencia de la dictadura sandinista de esa época. Diversos informes sobre esa organización de espionaje nicaragüense dan cuenta que, al menos el 80% de sus agentes recibió entrenamiento de las principales agencias de inteligencia del bloque socialista de entonces, en plena guerra fría como la KGB de la Unión Soviética, la Dirección General de Inteligencia (DGI) de Cuba, también conocida como el G2; la Stasi, de Alemania Oriental (RDA); y la Darzhavna Sigurnost, de Bulgaria.

Con ese entrenamiento, Cerna y su gente se convirtieron en el principal brazo represivo sandinista contra la oposición política y la resistencia armada. Además, eran los que se encargaban del trabajo sucio, planificando y ejecutando asesinatos contra líderes antisandinistas. La red dedicada a esas labores fue tan vasta que analistas consideran que nunca fue desmontada tras la «desaparición» de la DGSE, y por tanto, Cerna aún puede mantener nexos con muchos agentes activos y «en descanso».

¿Y la red de agentes? De eso nadie habla y hasta el día de hoy analistas tienen extrema cautela para referirse a ese grupo de hombres de Lenín Cerna. El propio Cerna se retiró del Ejército en 1999. Su trabajo fue tan efectivo y su fidelidad a Daniel Ortega tan probada (o le sabe mucho) que tras su paso a la vida civil, el propio Ortega advirtió que nadie podía intentar siquiera investigar las actividades ni impulsar acusaciones contra el exjefe de espionaje porque sería «jugar con fuego». El régimen sandinista de los 80 enfrenta al menos 14 mil denuncias por violaciones a los derechos humanos, la mayoría de ellas atribuidas a la DGSE, comandada por el coronel en retiro.

«El coronel Cerna viene de la lucha del Frente Sandinista, fue parte del gobierno que presidí, (1979-1990) y lo que se le quiera cargar a él (acusaciones) se me tiene que cargar a mí. Yo respondo por él», dijo Ortega, según lo reportó en marzo de 1999 el periódico costarricense La Nación, citando fuentes nicaragüenses. Y es que Cerna ya para entonces le sabía mucho a Ortega y a los otros comandantes sandinistas. Ahora, les debe saber mucho más. Pero la lealtad mutua quedó sellada por el silencio de Cerna y el apoyo de Ortega, algo que Murillo  nunca vio con buenos ojos. Eso sí, la primera dama siempre le ha temido a ese hombre que acostumbra a operar en las sombras. 

No obstante esa cercanía con el dictador, al principal espía del sandinismo ya lo purgó Rosario Murilo, con quien nunca se llevó bien, aunque en realidad ninguno de los comandantes sandinistas que empuñaron las armas para derrocar al anterior dictador, Anastasio Somoza, miró nunca con buenos ojos a «la mujer del comandante», como le llamaban con desdén, a quien no le reconocieron ningún mérito, «porque no los tenía», para ser dirigente dentro del FSLN ni dentro del gobierno.

Y siempre hablando de esas especulaciones que tira a rodar el FSLN sobre la pérdida de control de Cerna en ese partido, en el año 2011 algunos medios publicaron la noticia de que el secretario de organización del sandinismo cayó, y que la propia Murillo lo expulsó con todos sus bártulos. 

Días después, el jefe de la bancada sandinista en la Asamblea Nacional, Edwin Castro, confirmó en ese entonces la salida de Cerna al diario La Prensa.

Los Goyos salvaron a Ortega y Murillo

Para el 2018, cuando decenas de miles de  nicaragüenses se levantaron en protestas para exigir la salida del poder de Ortega y su mujer, y cuando el régimen estaba a punto de sucumbir ante la presión social, a Cerna lo llamaron a servicio de nuevo para salvar la situación junto a su grupo de exaltos militares y agentes de inteligencia.

El espía volvió al redil, y Los Goyos dieron muestras de lo que son capaces, organizaron un ejército de paramilitares, los dotaron de un alto poder de fuego y la promesa de impunidad. De esa forma, los radicales del FSLN salvaron a Ortega y Murillo, a costa de asesinar a más de 350 nicaragüenses, herir a varios miles y obligar al exilio a otros cientos de miles.  

De confirmarse la noticia de que está en la clandestinidad para ponerse a salvo de una posible captura ordenada por Murillo, Nicaragua asiste entonces a una verdadera batalla de la vicetirana, que cuenta con todos los recursos estatales y efectivos a su servicio contra el exjefe de la DGSE y sus Goyos. Para Murillo sería la Batalla final en el asalto al poder absoluto en el régimen sandinista, para Los Goyos una batalla más por sobrevivir y mantener los privilegios del poder desde el sandinismo. Por ahora, esa supuesta pugna es una moneda al aire.

ARTÍCULO 66 es un medio de comunicación nicaragüense que trabaja desde el exilio debido a la persecución del Estado contra la prensa independiente. Algunas de nuestras informaciones no revelan la identidad de nuestras fuentes ni están firmadas por nuestros periodistas por razones de seguridad.

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