Monseñor Rolando Álvarez lanza desde Roma un llamado a la unidad, en medio de las divisiones opositoras

Desde el exilio en Roma, donde reside tras haber sido desterrado por la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo, monseñor Rolando José Álvarez Lagos, obispo de Matagalpa, elevó este fin de semana una homilía que ha sido interpretada como un urgente llamado a la unidad de los nicaragüenses, especialmente en medio de las divisiones que persisten dentro de la oposición en el exilio.
La reflexión de Álvarez fue compartida por el sacerdote también exiliado Erick Díaz, y gira en torno al mensaje de Jesús en la oración sacerdotal: «Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno, como nosotros». A partir de esta cita, el obispo desarrolló una meditación que, aunque pronunciada desde el púlpito, contiene una poderosa dimensión política, social y espiritual.
«La unidad es un don. Y como don es una Gracia y un trabajo que quienes conformamos el cuerpo místico de Cristo, hemos de realizar todos los días de nuestra vida», afirmó Álvarez. Luego advirtió que esa unidad suele lesionarse por el pecado estructural y personal, entre ellos, «la intriga, la difamación, la envidia, la soberbia, la infidelidad, la deslealtad, la ambición, la traición».
Álvarez insistió en que la unidad puede ser restaurada mediante el perdón, un perdón que no solo debe venir de Dios o de los demás, sino también de nosotros mismos. «Ser perdonados por Dios, perdonar, ser perdonados por los demás y perdonarnos a nosotros mismos. Son fases o facetas necesarias para que exista el verdadero perdón y por lo tanto se restablezca la unidad», dijo.
En la parte final de su homilía, Álvarez subrayó que no basta con buenas intenciones: es necesario hacer «hasta lo imposible» para que «nuestras comunidades, nuestros cleros, nuestras diócesis y nuestra Iglesia permanezca en la unidad». Y concluyó: «Que todos sean uno, como tú y yo somos uno».
El llamado coincide con esfuerzos por la unidad opositora
El mensaje de monseñor Álvarez llega en un momento en que sectores de la oposición nicaragüense han reactivado intentos por articular un frente común. La semana pasada, opositores exiliados en Estados Unidos sostuvieron un encuentro en la Universidad Internacional de la Florida (FIU), en Miami, impulsado por el presbítero también exiliado Benito Enrique Martínez Gamboa.
En el pronunciamiento surgido de ese encuentro, los firmantes declararon que se reunieron para «abrazar el llamado» del padre Benito Martínez, quien desde 2024 ha abogado insistentemente por la necesidad de superar divisiones y construir unidad. «Sabemos que construir unidad no es fácil», reconocieron los opositores, «pero creemos firmemente que la diversidad no es un obstáculo, sino una riqueza que puede fortalecer una oposición más representativa, más humana y más cercana al pueblo».
El documento, titulado «Por la memoria y la libertad: Encuentro por la unidad opositora nicaragüense», también reafirma el compromiso con una estrategia común de resistencia cívica, el respaldo internacional a la causa democrática nicaragüense, y el impulso de acciones como la aplicación de sanciones y el desconocimiento del régimen sandinista como gobierno legítimo.
La urgencia de la unidad en dos veces católicas
Tanto la voz pastoral de monseñor Álvarez como el pronunciamiento político del encuentro en Miami convergen en una misma urgencia: la necesidad de reconciliación, coordinación y unidad para responder al clamor de un pueblo que aún en el exilio se resiste al olvido y la fractura.
Si bien monseñor Álvarez no menciona explícitamente el encuentro ni a los actores políticos del exilio con el padre Martínez Gamboa, su homilía puede leerse como un respaldo tácito a todo esfuerzo que procure restaurar los vínculos entre los líderes y grupos de opositores nicaragüenses que han sucumbido a la fragmentación y la discordia, pese a la demanda generalizada de la población que demanda unidad para enfrentar con fuerza a la dictadura que los oprime a todos.

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