Nicaragüenses en el exterior desconfían de la promesa del Estado de no aplicar con retroactividad la supresión de la doble nacionalidad

Ante el revuelo causado por la reforma a los artículos 23 y 25 de la Constitución Política que dictamina la pérdida de la nacionalidad nicaragüense si se adquiere otra, el presidente del Parlamento, el sandinista Gustavo Porras, aseguró que la medida «no es retroactiva» y que solo se aplicará una vez que la modificación se apruebe en segunda legislatura y entre en vigencia.
Su «aclaración», que igualmente a futuro sería una violación más a los derechos humanos, no logró apaciguar las críticas de los nicaragüenses en el exterior, quienes desconfían de la no aplicación de la retroactividad tomando en cuenta los antecedentes del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo.
La Asociación Nicaragüense Sevilla–España emitió un comunicado en el que expresa su profunda preocupación por esta iniciativa que pone en riesgo los derechos y la identidad de miles de nacionales en el exterior.
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Uno de los aspectos que más alarma ha generado entre la diáspora nicaragüense es la afirmación de que la norma «no será retroactiva». Sin embargo, desde la Asociación advierten que no existen fundamentos sólidos que respalden esta garantía. «En un país donde el Estado de derecho ha sido sistemáticamente vulnerado, y donde las leyes se usan como instrumentos de persecución, nadie puede asegurar que esta reforma no será aplicada con retroactividad o de forma selectiva», sostiene el comunicado divulgado en redes sociales.
La Asociación considera que, más allá del texto legal, preocupa el trasfondo ideológico en que se basa esta reforma. Denuncian que el régimen ha promovido un discurso que rechaza la posibilidad de “servir y amar a dos patrias”, pretendiendo que la doble nacionalidad implica una traición o una falta de compromiso con Nicaragua. Frente a ello, la comunidad nicaragüense en Sevilla responde con firmeza: «No hay contradicción en amar dos tierras».
En su pronunciamiento, la organización subraya que el exilio no ha sido una elección, sino una necesidad impuesta por la represión. «El exilio masivo no es una virtud de Estado: es una vergüenza nacional. Es como un padre que, incapaz de cuidar a sus hijos, los obliga a salir a buscar en otra familia lo que no encontraron en casa… y encima los maldice por sobrevivir», afirman.
El comunicado también pone énfasis en el impacto económico y social de los nicaragüenses en el exilio, quienes con sus remesas, redes solidarias y apoyo familiar han contribuido directamente a sostener la economía del país. A pesar de ello, ahora se les responde —denuncian— con castigo, exclusión y negación de su nacionalidad. «Es una traición a la historia y a la memoria de quienes no se han rendido a pesar del destierro».
La Asociación recuerda además que la doble nacionalidad no es una amenaza a la lealtad ni a la identidad. Como ejemplo simbólico mencionan al poeta Rubén Darío, a quien el rey Alfonso XIII concedió la nacionalidad española honoraria sin que ello disminuyera su amor ni su compromiso con Nicaragua. «Darío vivió entre dos mundos, pero murió en su patria, porque su corazón jamás dejó de pertenecer», remarcan.
La organización reitera su condena a esta reforma por considerarla una «violación trágica y masiva a los derechos humanos». Rechazan el discurso oficial que niega la identidad plural de la ciudadanía y alzan la voz en nombre de quienes fueron expulsados pero nunca dejaron de amar a Nicaragua. «Ser nicaragüense es un vínculo que no se rompe por decreto», concluyen.

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