Sacerdotes en Nicaragua, amenazados: «Si salimos en procesión en Semana Santa nos meten presos»

Este 2025 es el tercer año consecutivo que el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo recluye las procesiones de Semana a lo interno de los templos, una evidencia más de la cruenta persecución a la Iglesia católica nicaragüense.
En medio de esta continua represión, el abogado y defensor de derechos humanos Álvaro Leiva Sánchez denunció la reciente prohibición de procesiones religiosas durante la Semana Santa, impuesta por la dictadura sandinista, y la creciente denuncia del acoso y amenazas a líderes religiosos.
Según Leiva Sánchez, «jefes policiales de la dictadura Ortega-Murillo en Nicaragua llegan a parroquias, amenazando». A través de sus redes sociales, el jurista compartió el testimonio de un sacerdote que le confesó la difícil situación que viven a los interno del país.
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«Nos dicen que, si salimos en procesión, en Semana Santa, nos meten presos», escribió Leiva citando la conversación que sostuvo con un religioso nicaragüense.
El abogado subrayó el paralelismo que conlleva esta persecución. Pese a que constituye una violación a la libertad religiosa, también refuerza la convicción de los fieles. «Los codictadores tendrían que saber que la represión no debilita sino que fortalece la fe», sentenció.
Desde 2018, el régimen de Ortega ha intensificado su hostilidad contra la Iglesia católica, a la que acusa de ser cómplice de líderes sociales y políticos que exigieron democracia y el fin de la represión estatal.
En los últimos años, sacerdotes han sido perseguidos, encarcelados o forzados al exilio, mientras que templos han sido asediados y sus actividades religiosas severamente restringidas.
Desde el inicio de las protestas sociales de abril de 2018. Daniel Ortega y Rosario Murillo emprendieron una cruzada antirreligiosa contra obispos, sacerdotes, el clero y la feligresía por buscar un diálogo nacional y ofrecer las iglesias como centros de refugio para los ciudadanos que se manifestaron demandando la salida del poder de la pareja presidencial.
Esa «guerra» desatada por los dictadores ha devastado a la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN), reduciendo su clero a la mitad en un poco más de seis años. Además, se han documentado cerca de mil ataques directos, que incluyen profanaciones a templos, amenazas y agresiones a sacerdotes, así como el destierro y exilio de más de 160 religiosos.
La sexta actualización del informe «Nicaragua: ¿Una Iglesia perseguida?», elaborado desde el exilio por la abogada Martha Patricia Molina, reveló que entre 2018 y 2024, el régimen ha perpetrado 971 ataques documentados contra la Iglesia católica.
El año más violento fue 2023, con 321 agresiones, aunque Molina señala que 2024 ha sido incluso peor, pues muchos religiosos no denunciaron los atropellos por miedo a represalias. Igualmente, decenas de religiosos fueron desterrados, entre estos, cuatro obispos.

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