Everth Cabrera, el exGrandes Ligas que cayó en las drogas y lucha por levantarse: «Hasta mi familia me tenía miedo»

El nombre de Everth Cabrera retumbó en el mundo del béisbol durante su paso por las Grandes Ligas con los Padres de San Diego y los Orioles de Baltimore. Nacido en el humilde pueblo de Nandaime, Nicaragua, Cabrera se abrió paso en el deporte desde su adolescencia, destacando por su velocidad y talento innato.
Su camino al profesionalismo empezó a los 17 años, cuando firmó con la organización de los Colorado Rockies y se trasladó a República Dominicana. Allí, su primer contacto con la tentación llegó disfrazado de celebración:
«Empezamos a disfrutar, supuestamente nosotros. Empezamos a disfrutar, fue la primera emborrachada que me empecé a dar yo en béisbol profesional… me tuvieron que llevar cargado al cuarto del hotel», relató Cabrera frente a estudiantes de la Universidad Americana (UAM).

Este episodio se convirtió en el primer paso hacia un oscuro abismo. Las salidas y las borracheras se volvieron más frecuentes en su estadía en Estados Unidos, mientras su carrera profesional crecía. En 2009 debutó en Grandes Ligas con los Padres de San Diego y rápidamente se convirtió en un nombre prometedor. Sin embargo, mientras brillaba en el campo, fuera de él las cosas comenzaban a torcerse.
«Yo fui bastante disciplinado dentro del terreno, pero a mí me faltó un poco más de disciplina fuera del terreno. Nunca pude decirle que no a muchas cosas. Siempre abría la puerta y yo solo pasaba. Nunca aprendí a decir que no», dijo uno de los hombres que le dio gloria a Nicaragua por su habilidad en el beisbol.
En 2013, fue suspendido por 50 juegos debido al uso de sustancias prohibidas. El escándalo y la presión mediática lo llevaron a un colapso emocional que intentó mitigar con whisky y marihuana.

«Yo no podía dormir porque decían, ¿qué van a decir en mi país? Ahora soy noticia, ahora me suspendieron. Entonces, cuando viene un supuesto amigo mío y me dice: “Estás saliendo mucho, estás tomando demasiado. Yo no tomo, yo fumo marihuana”. Y yo le dije sí, dame a probar».
La marihuana se convirtió en su refugio para calmar la ansiedad y la presión, pero con el tiempo, la adicción fue tomando control de su vida. En 2014, obtuvo un contrato lucrativo, pero su condición física y mental se deterioraba rápidamente. Eventualmente, fue dejado en libertad por la organización de Baltimore, sin equipo, sin oportunidades y sumido en una profunda depresión.
De regreso en Nicaragua, Cabrera intentó rehacer su vida con la ganadería. Sin embargo, las drogas ya formaban parte de su rutina. El punto más bajo llegó cuando probó la cocaína por primera vez, durante una fiesta en la playa de Huazacate, en Tola, Rivas.

«Era una fiesta con gringos. Solo yo estaba ahí de Nicaragua. Un tipo me dice: “¿Querés?” Me pasa una bolsa de cocaína, y yo tampoco dije que no. Probé la cocaína y empecé con la famosa cocaína… esa cocaína me llevó a vender todos mis animales, me fui vendiendo todo, primero una vaca, dos vacas, un caballo, una yegua y hasta unas (ovejas) pelibuey (ríe). Cuando me miré sin trabajo, cuando me miré sin oportunidades».
Agresión y violencia: «Hasta a tu propia familia le empezás a dar miedo»
La cocaína terminó de arrastrarlo a una vida descontrolada y violenta. En los últimos años, el nombre de Everth Cabrera había vuelto a sonar en Nicaragua, pero no por sus logros deportivos, sino por los actos de agresión y violencia que protagonizaba en su pueblo natal. Fue noticia por incidentes escandalosos, como el día que ingresó con su camioneta al estadio municipal de Nandaime, o cuando fue grabado apedreando a personas comunes en la calle. La violencia se había convertido en su manera habitual de reaccionar ante cualquier situación por donde pasaba.
«Empecé a causar problemas, empecé a discutir con policías, empecé a discutir con personas. Yo salía a lugares y me sentaba, tal vez en algún restaurante, y personas me quedaban viendo, yo los quedaba viendo también, y me levantaba y (les preguntaba) ¿Por qué me quedás viendo?, que, ¿Te debo algo?. ¿Qué era? Que estaba bajo el efecto de la marihuana, bajo el efecto del alcohol».
Su comportamiento errático y agresivo no solo afectó su imagen pública, sino que también provocó que su propia familia le tuviera miedo. Sus bienes se esfumaban rápidamente, vendidos para poder consumir drogas, y su entorno se alejaba ante su actitud impredecible y peligrosa.

«Llegué a sentir un momento que digo yo, ¿y qué es esto? Parece que va a ser parte de mi vida completamente esto, la marihuana. Entonces empecé a causar problemas… hasta a tu propia familia le empezás a dar miedo».
Pero en medio de la tragedia, Cabrera encontró una nueva oportunidad para redimirse. Durante el evento con los universitarios, aprovechó para agradecer el apoyo de su psicólogo Christopher López y del centro de rehabilitación Nicaragua Recovery, donde ha iniciado un camino hacia la recuperación.
«Hoy en día le agradezco mucho a Dios por darme la oportunidad de tener ese pensamiento de mejorar, de cambiar de vida. Le agradezco a Luis, a mi psicólogo Christopher López, y a Nicaragua Recovery por darme la oportunidad de estar ahí en su clínica, y hacer lo que han venido haciendo conmigo», concluyó el exdeportista que puso el nombre de Nicaragua en alto.

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