Ortega recibe al nuevo embajador de Irán, un país que solo ha dado promesas y «color» a Nicaragua

La dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo recibirá este jueves 6 de marzo de 2025 a una delegación iraní encabezada por el nuevo embajador de la República Islámica de Irán en Managua, Ramin Saleh Banat-Kuqe. Así lo confirmó la vicepresidenta y vocera del régimen, Rosario Murillo, en su alocución de mediodía en los medios oficialistas.
«Tenemos también la grata noticia de estar recibiendo esta noche con el nuevo Embajador del Hermano Pueblo y Gobierno de la República Islámica de Irán a otras delegaciones. Saludamos también al hermano Ramin Saleh Banat-Kuqe, nuevo embajador de la República de Irán, en nuestra Nicaragua bendita», declaró Murillo en su habitual llamada telefónica a los medios de propaganda estatal.
El nombramiento de un nuevo embajador iraní reafirma la estrecha relación entre los regímenes de Managua y Teherán, una alianza que ha sido observada con recelo por la comunidad internacional debido a los señalamientos de violaciones a los derechos humanos que pesan sobre ambos gobiernos. Mientras Nicaragua ha sido acusada de crímenes de lesa humanidad por la represión a la disidencia política, Irán enfrenta sanciones internacionales por su programa nuclear, apoyo a grupos terroristas y una brutal represión contra la oposición y las mujeres en su territorio.
La cooperación Irán-Nicaragua: Solo promesas
Desde el retorno de Ortega al poder en 2007, Irán ha sido presentado como un aliado estratégico del régimen, con múltiples anuncios de cooperación en sectores clave como energía, agricultura, salud y comercio. Sin embargo, a casi dos décadas de esta relación, los resultados han sido prácticamente nulos.
Uno de los ejemplos más notables de esta falta de avances es el crédito de 230 millones de dólares que el gobierno iraní supuestamente otorgaría en 2008 para la construcción de una planta hidroeléctrica en el río Tuma, en Jinotega. Hasta la fecha, dicho proyecto nunca se materializó.
Durante la visita del fallecido presidente iraní, Ebrahim Raisi, a Managua en junio de 2023, se firmaron tres nuevos acuerdos de cooperación en los ámbitos económico, comercial y de suministros médicos. No obstante, no hay evidencia de que esos acuerdos hayan generado inversiones reales en Nicaragua o que hayan beneficiado a la población.
En el pasado, el régimen de Ortega también prometió la construcción de una fábrica de tractores con financiamiento iraní, un matadero y una planta procesadora de leche, pero ninguno de esos proyectos se concretó.
A pesar de estos antecedentes, la dictadura sigue promoviendo la relación con Irán como una fuente de respaldo financiero y político, aunque la realidad demuestra que las promesas no se han traducido en beneficios tangibles para la economía nicaragüense.
Desafío a Estados Unidos y alineamiento con regímenes autoritarios
El acercamiento entre Nicaragua e Irán ha generado preocupación en Estados Unidos y en los países europeos, que consideran esta alianza como parte de un bloque de regímenes autoritarios que buscan desafiar el orden internacional.
Tanto Managua como Teherán comparten una política de confrontación con Washington y han buscado apoyo en países sancionados y aislados del sistema financiero internacional, como Rusia, China, Venezuela y Corea del Norte.
El gobierno iraní ha sido señalado por la comunidad internacional por su apoyo a grupos extremistas en el Medio Oriente, su hostilidad contra Israel y Estados Unidos, y por el desarrollo de un programa nuclear que ha sido motivo de sanciones por parte de Naciones Unidas. Nicaragua, por su parte, ha sido acusada de crímenes de lesa humanidad y mantiene una creciente represión contra la oposición, la Iglesia Católica y los medios de comunicación independientes.
A pesar de la retórica de «hermandad» entre Managua y Teherán, los vínculos económicos entre ambos países son prácticamente inexistentes, lo que refuerza la percepción de que la alianza es más simbólica que efectiva. Nicaragua sigue dependiendo principalmente de Venezuela y Rusia para recibir algún tipo de apoyo político y armamentístico, y de Estados Unidos para sostener su economía.
Las exportaciones nicaragüenses hacia el mercado estadounidense representan alrededor del 60% del total, beneficiando sectores como el textil, el café y la carne bovina. Además, las inversiones de empresas norteamericanas han sido fundamentales para la generación de empleos y estabilidad en el país, mientras que las remesas enviadas desde Estados Unidos constituyen más del 26% del Producto Interno Bruto (PIB), un pilar económico que sostiene a miles de familias nicaragüenses. A pesar de este peso determinante de Estados Unidos en la economía nacional, el régimen de Ortega insiste en profundizar sus vínculos con Irán, un país bajo sanciones internacionales y con escaso impacto en el desarrollo económico de Nicaragua.

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