Nicaragua cambia de embajadora en Panamá tras «advertencia» de Mulino de que Ortega ponga orden en esa sede diplomática

El dictador Daniel Ortega ha ordenado el cambio de embajadora en Panamá luego que el mandatario panameño José Raúl Mulino advirtiera al régimen de Managua que no toleraría que la sede diplomática nicaragüense en ese país estuviera siendo utilizada como «centro de reuniones políticas» por el expresidente convicto por corrupción Ricardo Martinelli, protegido en esa sede diplomática en calidad de «asilado político».
Medios de comunicación panameños y agencias de noticias internacionales divulgaron esta semana la información de que la actual embajadora en la capital canalera, Consuelo Sandoval, habría presentado su renuncia al cargo.
La renuncia habría sido presentada por Sandoval el 26 de diciembre. Acto seguido, la Cancillería sandinista solicitó a su par panameña el beneplácito como nueva embajadora para Jessica Padilla Leiva, actualmente designada como representante diplomática de Ortega en República Dominicana.
Esa repentina sustitución de embajadora se da justamente en medio de la tensión diplomática generada desde hace varias semanas por el convicto exmandatario de Panamá Martinelli, quien está condenado a más de 10 años de cárcel por blanqueo de capitales y está «asilado» en la embajada nica desde donde ha mantenido actividad política pese a ser un convicto y estar en territorio nicaragüense, de acuerdo con las normas diplomáticas internacionales.
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Ortega, que se ha convertido en el protector de expresidentes corruptos de la región, pues ya protege a dos exmandatarios salvadoreños, también le concedió asilo político a Martinelli.
Sin embargo, Martinelli ha mantenido una activa participación en política utilizando la sede diplomática pinolera como una especie de puesto de mando con inmunidad diplomática.
Como primera reacción de las autoridades canaleras a inicios de noviembre el canciller panameño, Javier Martínez-Acha, expresó públicamente su preocupación de que la sede diplomática nicaragüense se convirtiera en «foco de reuniones políticas» de Martinelli, lo cual traspasa el ámbito de asilo humanitario y viola la práctica diplomática.

Ante tal situación, la Cancillería de Panamá convocó oficialmente a la embajadora Consuelo Sandoval, para poner en conocimiento la inconformidad de ese Gobierno con las actividades de Martinelli dentro de la embajada a su cargo.
Días después el propio presidente Mulino, en conferencia de prensa, el pasado 13 de diciembre, fue claro y tajante al advertir al régimen sandinista que el llamado a Cancillería a Sandoval es la «primera advertencia» que hacen desde el Ejecutivo para «poner un poco de orden ahí (en la embajada nica)».
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El mandatario panameño recomendó al régimen de Managua que «cumpla con los convenios internacionales de asilo, tan sencillo como eso», al tiempo que advirtió que «no transformemos ni esa ni ninguna embajada en un centro político ni de actividad político-partidista ni a favor ni en contra de nadie».
«Espero que la República de Nicaragua entienda eso y es la primera advertencia que hacemos en ese sentido», reiteró con firmeza el mandatario.
Los dictadores Ortega y Murillo que no acostumbran quedarse callados cuando un mandatario extranjero los desafía, esta vez guardaron absoluto silencio y la primera reacción conocida hasta ahora es el cambio de embajadora.

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