Ortega, el dictador que ha arruinado a Nicaragua durante más de 45 años

Daniel Ortega tomó por asalto el gobierno de Nicaragua el 19 de julio de 1979. Lo hizo a punta de fusiles. Violentamente y como parte de una insurrección armada que prometía liberar al país de una dictadura, la de la dinastía de los Somoza.
Fue una revolución que contó con el respaldo de un alto porcentaje de los nicaragüenses, que repudiaban a la antigua tiranía por abusiva, corrupta y criminal. Porque aspiraba a quedarse mediante fraudes y porque no tenía el mínimo escrúpulo para asesinar a sus los rebeldes.
Ortega era parte, primero, de la llamada Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional, que inicialmente estuvo dirigida por 12 personas, entre las que destacaban comandantes guerrilleros, profesionales, intelectuales, empresarios y algunas figuras relevantes antisomocistas. Más tarde, la Junta de Gobierno se fue cerrando y los guerrilleros se fueron afianzando en el mando. Quedaban los más radicales y empezaron a dar muestras autoritarismo y corrupción.
Ortega había sido designado como coordinador de esa Junta de Gobierno, y su hermano, Humberto Ortega, era el jefe del Ejército. Empezó el descontento y el gobierno «revolucionario» empezó a perseguir a sus críticos y a acusar a quien se le oponía de «somocistas» o «agentes de la CIA», la Central de Inteligencia Americana, de Estados Unidos.
En la medida en que crecía la resistencia al nuevo régimen de los 80, se incrementaba la persecución. El sandinismo se convirtió en una especie de apéndice de la dictadura de los Castro, de Cuba, con sus sistemas de espionaje, control, persecución y tácticas de sometimiento social. En paralelo, ejecutaba una arremetida de confiscaciones y destrucción de la economía del país, que se agudizó con la imposición de un bloqueo financiero internacional impulsado por Estados Unidos.
En la medida en que avanzaba la consolidación de una dictadura armada, represiva, persecutoria y de control total, se fortalecía el movimiento opositor, identificado como La Contrarrevolución. Esa resistencia estaba conformada por exmilitares de la Guardia (Ejército) de Somoza, pero también aglutinaba a empresarios, intelectuales, políticos y liderazgos locales.
Esa resistencia se decantó muy rápido por la lucha armada y sus fuerzas eran en su mayoría campesinos que se convencieron que las armas lograrían derrocar al régimen sandinista. La Contra, como se le conocía a ese ejército irregular fue financiada militarmente por los Estados Unidos. El pretexto perfecto para que los sandinistas calificaran a la insurgencia como una fuerza creada por «el imperialismo norteamericano» y se victimizara ante el mundo para atizar la violencia y justificar la promulgación de la Ley de Servicio Militar Patriótico.
Aunque el gobierno ya tenía control total en las instituciones armadas, para hacerle frente a los rebeldes necesitaba reforzar su aparato de violencia. Esa Ley fue un método obligatorio de reclutamiento de jóvenes en edades entre 18 y 40 años para mandarlos a morir o matar en las montañas, donde se había instalado la Contra.
Ahí empezó el primer gran éxodo de nicaragüenses. En ese periodo, más de 200 mil compatriotas huyeron del país por la guerra civil que tuvo enfrentados a los sandinistas y a los Contras. Miles de jóvenes o huían o se los llevaban a morir en las montañas. La mayoría de estos connacionales dejaron todo lo que tenían abandonado y tuvieron que huir, principalmente hacia Estados Unidos.
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Pero hubo otras razones por la que los nicaragüenses huyeron del país. El bloqueo económico, que aniquiló cualquier posibilidad para que los nicaragüenses se desarrollaran. La guerra de los 80, dejó un saldo de más de 50 mil muertos y una economía en ruinas.
Ortega en los años 90: Desestabilización, violencia y caos
Cuando Daniel Ortega perdió el poder en 1990 contra Violeta Barrios de Chamorro, aceptó su derrota y entregó la silla presidencial, pero hizo una advertencia furibunda: «Vamos a gobernar desde abajo». Eso significó, primero el robo masivo de propiedades que inicialmente habían sido confiscadas a empresarios y ciudadanos exiliados; y posteriormente, significó una férrea oposición violenta callejera con sus militantes, muchos de ellos con experiencia en acciones armadas porque habían cumplido el Servicio Militar y habían pasado a retiro por el nuevo gobierno.
Además, Ortega aglutinó sus fuerzas en sindicatos de trabajadores gubernamentales, transportistas, centrales obreras, estudiantes y cualquier movimiento social que él pudiera manipular para alentarlos a ejercer presión por la movilización y la violencia contra el Estado. Ese método lo mantuvo durante los tres gobiernos democráticos (1990-2001). Fueron los años de la de la desestabilización. Era una saña contra el país, con tal de mostrar débiles a los gobernantes.
2018, de nuevo Ortega motiva éxodo
Después del levantamiento cívico en el 2018, surgió un nuevo episodio de éxodo masivo de nicaragüenses y de nuevo con Daniel Ortega en el poder, al que retornó en 2007.
En este episodio, más de 804 mil nicaragüenses hasta diciembre del 2023 han huido de la represión, tortura, asedio y cárcel por motivos políticos. Ortega también impuso de nuevo las confiscaciones que han significado la pérdida de miles de empleos. En los 80 dañó al Estado y en este mes, anunció que habrán despidos masivos; es decir, la sombra de las ruinas persigue a su régimen otra vez.

Ortega is a murderer, rapist and thief.