Purga del comisionado general Marcos Acuña evidencia el «control y poderío de Rosario Murillo»

La purga del comisionado general Marcos Alberto Acuña, ahora exjefe de escoltas del dictador Daniel Ortega, al igual que las destituciones que se han documentado en los últimos meses en las diferentes instituciones públicas, revelan el control de la vicedictadora Rosario Murillo en el Ejecutivo.
A juicio de la opositora Dora María Téllez, analista política, exguerrillera sandinista y expresa política del orteguismo, la baja deshonrosa al leal al caudillo sandinista «evidencia la descomposición del régimen, que ya no confía en nadie, ni siquiera en sus incondicionales o círculo de hierro más cercano».
«Esa purga que se ha dado en la Policía es la expresión de esta purga trasladada al seno del Frente Sandinista. Sienten que no es suficiente esa incondicionalidad que tenían, sino que requieren otro tipo de alineamiento. O sea, ahora va a seguir este proceso dentro del Frente Sandinista», apuntó Téllez.
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Además, afirmó que la destitución del comisionado general Acuña, que tenía desde el 2007 años en el cargo de jefe de escoltas de Ortega, «parece ser una decisión exclusiva de Rosario Murillo» y eso «muestra el poder que Murillo tiene. Ortega lo que está haciendo es refrendar las decisiones que toma Murillo».
La opositora, integrante de la Unión Democrática Renovadora (Unamos), señaló que esto es parte de la «purga que se concentra sobre el Frente Sandinista, no solomanete sobre las instituciones del Estado o la Policía», las cuales, resaltó, se han ejecutado desde finales de 2022 y «han seguido en silencio, mandando a la gente en silencio a sus casas para que no sea evidente el avance de esas purgas».
La dictadura no distingue ni protege a sus fieles
El abogado e integrante de la Unidad de Azul y Blanco (UNAB) y miembro del directorio de Monteverde, Juan Diego Barberena, también consideró que la destitución del comisionado general Acuña es parte del «proceso de desconfianza interna de la dictadura, de control totalitario y paranoico que vive la familia Ortega-Murillo, y que evidentemente trastoca todas las instituciones, incluso el aparato de seguridad del Estado, que es el que está más cerca de la familia en el poder».
Asimismo, concuerda con Téllez al señalar que las purgas que se están ejecutando también dejan claro que «Ortega ya no tiene margen de acción y que quien está tomando todas las decisiones es Rosario Murillo».
Los procesos de purga en regímenes autoritarios, valoró Barberena, «son innatos» y pueden tener «incidencia en su caída», resaltando que algunas de las dictadura «permanecen en el poder aun con esos procesos, pero otras caen».
También, consideró que el mensaje que queda para los trabajadores públicos, que han declarado lealtad al orteguismo, es que «la dictadura Ortega-Murillo no distingue, los va a perseguir, los va a purgar, los va a despedir, a excluir».
La Policía confirmó la salida de Acuña, pero no solo eso el exalto mando policial será juzgado. La institución, al servicio de Ortega y Murillo, afirma que el comisionado «desobedeció flagrantemente órdenes superiores, poniendo en riesgo la seguridad ciudadana». No explica en qué consistió su rebeldía, pero lo que se supo fue que Acuña tuvo una discusión con Rosario Murillo que de forma exprés decidió purgarlo el 24 de julio, reveló el medio digital Confidencial.
Pero no solo eso, el comunicado firmado por la División de Relaciones Públicas de la Policía Nacional detalla que debido a no acatar órdenes y «en consecuencia y de conformidad a la establecido en la Ley 872 Ley de la Policía Nacional y sus reformas se le impuso baja deshonrosa y será juzgado por el delito de incumplimiento de deberes, desobediencia e insubordinación».

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