Javier Milei consolida su poder político en Argentina; controlará un tercio de la Cámara de Diputados

Por primera vez desde su llegada al poder, Javier Milei logró una victoria electoral que no depende del impulso de la sorpresa, sino del voto de respaldo a su gestión. Las elecciones legislativas del 26 de octubre de 2025 mostraron que el mandatario cuenta con una simpatía aplastante de sus ciudadanos. La Libertad Avanza (LLA), el movimiento ultraliberal fundado por el propio Milei, obtuvo más del 40 % de los votos a nivel nacional, imponiéndose con claridad sobre el bloque peronista y sobre la coalición radical-macrista.
Según datos citados por Reuters y El País, el oficialismo sumó 64 de los 127 escaños en disputa en la Cámara de Diputados, lo que eleva su representación total a cerca de 93 diputados (alrededor del 36 % de la Cámara) junto con sus aliados, frente a los 33 que tenía antes de la elección. En el Senado, pasó de 6 a 12 bancas, consolidando una base legislativa suficiente para bloquear proyectos opositores y sostener los vetos presidenciales.
Voto ratifica el proyecto político contra «la casta»
El triunfo legislativo confirma que el fenómeno Milei dejó de ser un gesto de protesta para transformarse en un proyecto de gobierno con legitimidad electoral ampliada. En solo dos años, el presidente argentino ha convertido a su movimiento en la fuerza dominante de la política nacional, desplazando a los partidos tradicionales y ampliando su alcance territorial. LLA ganó en 16 de las 24 provincias, incluyendo Buenos Aires, bastión histórico del peronismo.
La elección se leyó dentro y fuera de Argentina como un plebiscito sobre la economía libertaria que impulsa el mandatario. Pese a la persistencia de la inflación y la dureza del ajuste fiscal, una mayoría de votantes pareció inclinarse por darle margen político para profundizar sus reformas, antes que por volver a un modelo de subsidios y control estatal. Como sintetizó el Financial Times, los resultados representan «una validación popular de su estrategia de choque y de su discurso contra la casta política».
Sin mayoría, pero con poder
Aunque Milei no consiguió la mayoría absoluta, el Congreso sigue fragmentado entre libertarios, peronistas, radicales y fuerzas provinciales. La magnitud de su avance le otorga un poder de negociación inédito, con más de un tercio de la Cámara de Diputados bajo su control, el presidente puede impedir que la oposición revierta sus decretos o bloquee sus vetos, y puede impulsar legislación de su interés mediante pactos con bloques menores.

El oficialismo celebró los resultados como el inicio de una nueva etapa política. En su discurso posterior a la elección, Milei dijo que «el pueblo argentino ha hablado» y que el país eligió «profundizar el camino de la libertad». La vicepresidenta, Victoria Villarruel, y el ministro de Economía, Luis Caputo, interpretaron el voto como «una luz verde» para continuar el plan de desregulación, privatización y recorte del gasto público.
No obstante, los analistas advierten que el desafío de gobernabilidad sigue siendo considerable. El Senado continúa bajo influencia de sectores provinciales y peronistas, y la aplicación práctica de las reformas requerirá alianzas que podrían poner a prueba la disciplina libertaria. Además, el impacto social del ajuste —en salarios, subsidios y gasto social— podría erosionar el respaldo obtenido en las urnas si las condiciones económicas no mejoran en los próximos meses.
Una oposición debilitada
El peronismo, que durante décadas dominó el Congreso, sufrió una derrota severa. Perdió presencia territorial, cayó por debajo del 30 % de los votos nacionales y no logró capitalizar el descontento social. En el campo del radicalismo y de Juntos por el Cambio, la dispersión interna les impidió presentarse como alternativa creíble. La fragmentación opositora refuerza la posición de Milei como árbitro central de la política argentina, con capacidad para marcar la agenda económica y legislativa desde una posición minoritaria pero hegemónica.
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Para los analistas internacionales, la elección consolida un realineamiento político en América Latina. La Argentina de Milei emerge como el laboratorio más extremo del giro neoliberal y populista de derecha en la región, mientras la oposición peronista intenta reconfigurarse tras una de sus peores derrotas parlamentarias.
El nuevo mapa político con el oficialismo a la cabeza
El nuevo Congreso argentino asumirá funciones el 10 de diciembre, justo un año después de que Milei llegara a la presidencia. Su composición dibuja un Parlamento donde el oficialismo libertario domina la narrativa, pero deberá seguir negociando para gobernar.

En cifras generales, la elección legislativa permitió que las fuerzas políticas argentinas queden conformadas de la siguiente manera: La Libertad Avanza (oficialismo), ahora tendrá 93 diputados; la Unión por la Patria (peronismo), tendrá 85 diputados; Juntos por el cambio, un poco más de 60 escaños y las fuerzas provinciales e independientes se quedaron con 19 sillas.
El resultado deja a Milei en la posición más fuerte de su mandato, con la posibilidad de acelerar su agenda económica y un respaldo ciudadano que, aunque no mayoritario en números absolutos, se traduce en una legitimidad política renovada.
La victoria no solo redefine el equilibrio de poder en el Congreso, sino que reafirma la centralidad del discurso antisistema y la demanda de cambio radical que impulsó al libertario al poder. Argentina entra, así, en una nueva fase de su experimento libertario, en la que Milei contará con los votos suficientes para avanzar, pero no los necesarios para hacerlo sin escuchar a nadie.

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