El trauma de los exiliados en tiempos de represión

Dolor, traumas, tristezas, depresiones, duelos por todas las perdidas vividas son parte del combo de emociones que impactan la salud mental de nicaragüenses en el exilio en Costa Rica

——————————–

Por: Kathy Juárez, Martha Irene Sánchez y Alfonso Malespín

La cruenta represión del régimen de Daniel Ortega en Nicaragua ha llevado a decenas de miles de nicaragüenses al exilio forzado hacia Costa Rica y otros países del mundo. Hasta el momento se contabilizan en el vecino país del sur unas 70, 000 personas que cruzaron la frontera de forma legal o ilegal desde que inicio el estallido social en abril de 2018, según el mayor retirado del ejército, Roberto Samcam. La represión del régimen ha dejado secuelas físicas y también sicológicas en la sociedad nicaragüense. Estas secuelas son cargadas por miles de nicaragüenses exiliados que ahora deben sobrevivir en Costa Rica con una carga que no pidieron llevar.

“El exilio es infierno, el exilio es doloroso, el exilio es de las cosas más fuertes que puede vivir un ser humano, porque no solo es un luto; es uno tras otro, tras otro. ¿Y cómo haces vos para manejar tanto? Es difícil”. Así lo señala Nidia Monterrey, estudiante de psicología que llegó a Costa Rica por puntos ciegos el 21 de julio del 2018. Ella salió del país junto a su hermano luego de sobrevivir al ataque a la Iglesia de La Divina Misericordia. Para ella, el exilio ha implicado; desde la difícil travesía por la frontera, la adaptación a un país con una cultura distinta a Nicaragua, el cambio de moneda, de rutina y la muerte de un ser querido. Un caldo de sucesos que marcaron la vida de la joven universitaria.

En su estudio Exilio Chileno, la Corporación de Promoción y Defensa de los Derechos del Pueblo, define al exilio como una violación a los derechos fundamentales de la persona que pone en grave riesgo su integridad física y psicológica, es factor desintegrador de la familia y elemento de fractura de la unidad social de una nación. Ninguna circunstancia permite justificar su existencia o atenuar sus consecuencias: el exilio es una forma de represión específica de un Estado totalitario contra un sector de la sociedad.

Para Nidia el exilio ha significado grandes momentos de frustraciones, tristezas y depresión. “El exilio es perder tu identidad. Llega un momento en que te preguntas, ¿aquí quién soy? Vas al banco y no podes cambiar dólares porque tu identificación no es válida, le preguntas a las personas que están en la fila si pueden ayudarte y ninguna acepta. Hay problemas desde cuando te preguntas ¿quién soy, ¿cómo sobrevivís, ¿cómo comes hoy o cómo vas a pagar la renta?”

La supervivencia para los exiliados en suelo costarricense ha sido difícil. La arribada masiva de personas, no solo de Nicaragua, sino también de países con crisis humanitarias como Venezuela y Colombia y la crisis de empleo que golpea a Costa Rica donde un 12% de los costarricenses está desempleado, ha significado un gran obstáculo para la supervivencia de las personas que decidieron exiliarse ahí.

Según un estudio realizado por la Fundación Arias para la Paz y el Progreso Humano, a inicios del año, cuando la población exiliada nicaragüense era de 40, 000 personas; el 70% de ellos eran jóvenes entre los 19 a 30 años de edad, el 53% estudiantes universitarios o profesionales y el 80% dijo haber huido de la persecución política o por temor a ser asesinado. En su mayoría, los exiliados que llegaron a Costa Rica desde el 18 de abril del 2018 han preferido vivir dentro o cerca de la conocida como Gran Área Metropolitana, ubicada en el centro del país y conformada por las cuatro ciudades más grandes.

Sin embargo, vivir dentro o cerca de las grandes zonas urbanas no ha significado necesariamente una mejor vida para el exiliado. Muchos de ellos duermen a la intemperie y otros, aunque están dentro de un refugio, no tienen para costear la comida o deben turnarse los tiempos de alimento. En su mayoría, los que más padecen la falta de vivienda y alimentación son personas que estuvieron en los tranques o campesinos, los que más sufrieron la violencia a manos del régimen en Nicaragua y los que cargan con más secuelas.

La directora del Centro Internacional para los Derechos Humanos de los Migrantes (CIDEHUM) y ex relatora de la ONU, Gabriela Rodríguez Pizarro, observa al nicaragüense como “una población que se encuentra encapsulada”. Los trámites para pedir refugio en Costa Rica son demasiado largos y el carnet laboral no sirve de mucho, algunas empresas no lo consideran válido. De esta manera el exiliado debe esforzarse mucho para tener una vida digna. “El desarraigo en sí es un trauma, y este trauma en el exilio se prolonga en el tiempo… sumado a esto, el nicaragüense se encuentra en un país hostil para ellos”, señala Rodríguez Pizarro.

Por su parte, la psicóloga Noelia Corrales, facilitadora en procesos de auto cuido, explica que los nicaragüenses que llegan a Costa Rica presentan síntomas psicológicos como dolor emocional, traumas por los sucesos vividos, tristezas, duelos que aún no han podido sobrellevar y un sentimiento de haber sido echados de su país de origen. Sentimientos de dolor y tristeza que se ven acrecentado por la situación que viven en Costa Rica, expresa Corrales. Muchos de ellos o sus familias aún sufren persecución, por ello, los traumas que fueron o están siendo tratados no sanan debidamente. También el hecho de haber perdido un trabajo, una empresa, terminado una relación o haber dejado familiares atrás, marcan considerablemente a la persona exiliada, asegura.

“Lo que te afecta no es solo el exilio, sino, también las cicatrices que cada uno trae como persona, porque cuando ves actos de violencia como cuando asesinaron a mi primo a raíz de las protestas de abril, para mí fue más difícil, porque recordé mi pasado”, asegura Raúl Martínez, periodista que tuvo que exiliarse luego de sufrir amenazas de muerte continuas cuando laboraba para Radio Camoapa. Raúl, huyó a Costa Rica luego de un infructuoso intento de secuestro que sufriera la madrugada del 12 de enero de este año. Al siguiente día estaba pisando suelo costarricense. Para el periodista, el exilio a significado revivir las muertes de familiares que fueron asesinados durante y después del conflicto de los años 80. “Todas esas heridas que, según yo, habían sanado, despertaron y para mí fue un impacto grande”.

La sociedad nicaragüense ha sufrido un sin número de traumas que no han sido tratados debidamente, considera la psicóloga Marta Cabrera. Desde desastres naturales, hasta conflictos armados, “no se le ha dado la importancia debida a las grandes tragedias que han vivido los nicaragüenses en términos de salud psicosocial. Ahora nos sorprende ver a los paramilitares, pero ellos son hombres que se quedaron con el cassette de la guerra. No tuvieron la oportunidad de sanar lo vivido. Yo siento que el desafío ahora está en entender a profundidad las razones de esta crisis. Es un conflicto que tiene raíces profundas; económicas, psicológicas, sociales, políticas”.

El estudio sobre el “Exilio Chileno” también señala que el exilio es siempre una experiencia traumática en la que el individuo es forzado a dar un paso que cambiará radicalmente su existencia. Cualquiera sea el país de destino o la preparación profesional o laboral anterior, el desterrado se enfrenta a un quiebre en su proyecto de vida. Implica la pérdida del espacio familiar, social y cultural en el que se desarrolló; la adaptación obligada a un medio nuevo ni siquiera imaginado; el aprendizaje de una nueva lengua; el tratar de compenetrarse y comprender las vivencias del nuevo entorno en el que se encuentra inmerso.

Para  Liseth Molina, médico pediatra, el exilio a significado una adaptación y transformación drástica, porque ha pasado de atender enfermos en las salas de un hospital o en una clínica, a tener que trabajar en lo que sea. “Vivir en el exilio es un castigo. Nadie sabe lo que es el exilio si no lo ha vivido”. La doctora decidió exiliarse junto a su familia luego que amistades le avisaran que la Policía Nacional los buscaba. Quedarse en Costa Rica no estaba en sus planes, pero tuvieron que hacerlo. Ya en el vecino país del sur tuvo que buscar trabajo, pero no en la profesión para la que estudió por tantos años. “Yo puedo trabajar en lo que sea mientras tenga mis manos y mis pies, pero mentalmente estabas condicionada a realizar otro trabajo, a tener otro estilo de vida que tenes que cambiar sí, o sí y aceptar lo que te propongan y a mí me parece que eso no deja de ser frustrante y no es dignificante tampoco”.


Luego de haber encontrado un trabajo que le permitiera subsistir, la doctora sufrió un derrame articular que la imposibilito por varios días. Pero gracias a la ayuda de médicos nicaragüenses y a un colega que la atendió gratuitamente en Costa Rica, ha mejorado. A pesar de ello, sufre de trastornos del sueño. Sin embargo, eso no ha impedido que continúe trabajando, porque actualmente es el sustento de sus dos hijos y esposo.

Los síntomas sufridos por la doctora Molina son comunes entre los refugiados. El doctor Manuel López Baldizón, médico general que ha atendido a muchos exiliados que llegaron a Costa Rica luego de iniciada la crisis, explica que este grupo de personas en particular presentan síntomas de estrés psicológico que se expresan en el cuerpo en enfermedades como gastritis, colitis, alergias; además alteraciones en el sistema inmunológico lo que provoca un fácil contagio de enfermedades, así como problemas para dormir provocados por el estrés y falta de energía o fatiga.

Hasta el momento, se contabiliza la muerte de un nicaragüense exiliado en Costa Rica, por presuntamente cometer suicidio. Un joven ex atrincherado de la UNAN-Managua y sobreviviente al ataque a la Iglesia de la Divina Misericordia que falleció meses atrás luego de una gira de campo con sus amigos. Hasta el momento las autoridades costarricenses no han precisado las razones de su muerte, pero las personas allegadas a él, consideran que posiblemente tomó la decisión de quitarse la vida.

“El acceso a la salud mental, el acceso a la contención de todo lo que tú has sufrido no es algo generalizado, es casi un lujo tener atención psicosocial adecuada, no es fácil. Explica Rodríguez Pizarro, quien también estima que la atención psicosocial debe de darse de forma integral; que vincule al sujeto, el especialista y al Estado donde se encuentra exiliado; “la atención psicosocial debe de ser escucha, contención. Es rehacer tu proyecto de vida, es tener documentos. Es ser persona, poder ser persona nuevamente y no un objeto de ayuda, si no un sujeto de su historia. ¿Que la está pasando mal?, puede ser, pero que sea sujeto activo de su propia historia”.