Monseñor Báez: aislamiento de los dictadores revela «la fragilidad de un poder que no tiene futuro»

Monseñor Silvio José Báez afirmó este domingo que el aislamiento de los dictadores revela «la fragilidad de un poder que no tiene futuro» y denunció que estos convierten la convivencia social en «una amarga vigilia de luto, sostenida por el miedo, la amenaza y la represión».
En su homilía del 11 de octubre de 2026, en Miami, el obispo auxiliar de Managua, desterrado de Nicaragua, cuestionó la crueldad de los gobernantes autoritarios y el uso de referencias religiosas para celebrar su propio poder.
«Dicen invocar a Dios, pero se festejan a sí mismos; dicen celebrar sus triunfos, pero se aíslan cada vez más. Su aislamiento revela la fragilidad de un poder que no tiene futuro», expresó.
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Báez no mencionó expresamente a Nicaragua ni a Daniel Ortega y Rosario Murillo. Sin embargo, su denuncia sobre las dictaduras, la represión y el miedo tiene una lectura política pertinente para el país del que fue desterrado en el año 2019.
Dictadores «oscurecidos por la ambición y la crueldad»
El religioso desarrolló su reflexión a partir de la parábola del banquete de bodas, en el Evangelio de Mateo. En el relato, algunos invitados rechazan la convocatoria del rey y otros agreden y matan a sus enviados.
Báez explicó que esos siervos representan a los profetas enviados por Dios y perseguidos por «los poderosos de turno». Luego vinculó esa violencia con la conducta de los dictadores actuales.
«Como aquellos invitados, los dictadores de nuestro tiempo tienen el corazón tan oscurecido por la ambición y la crueldad que no solo rechazan la invitación, sino que también arruinan la fiesta de la vida», sostuvo.
El obispo describió las consecuencias sociales de ese ejercicio del poder: una convivencia marcada por el luto, el miedo, las amenazas y la represión. Su señalamiento coloca el sufrimiento de las personas en el centro de la crítica a las dictaduras.
Frente a quienes presentan sus triunfos como prueba de fortaleza, Báez subrayó su creciente aislamiento y sostuvo que su dominio no determina el desenlace de la historia.
«La última palabra sobre la historia no la tienen ellos, sino Dios. A pesar de todo, habrá fiesta», afirmó el jerarca, como una premonición de que a pesar de la represión y la violencia, los países sometidos por las dictaduras tendrán libertad.
Dignidad y libertad frente al miedo
La homilía también contiene un llamado a resistir el desánimo y el miedo, y a respetar los derechos y la vida de los demás.
Al comentar la promesa del profeta Isaías sobre un banquete en el que desaparecerán el dolor y la injusticia, Báez señaló que participarán quienes confíen en Dios y permanezcan abiertos a su amor.
Entre ellos mencionó a «quienes no se dejen vencer por el desánimo y el miedo», a quienes procuren una vida digna para todos y a «quienes respeten la dignidad, la libertad y la vida de los demás».
El religioso contrapuso esa conducta con la de quienes provocan sufrimiento y destruyen la convivencia. También advirtió que las preocupaciones y el egoísmo pueden volver a las personas indiferentes al bien, a la verdad y a la fraternidad.

Su reflexión terminó con una exhortación a demostrar la fe mediante las obras y la misericordia. «No basta con decir “¡Señor, Señor!”», recordó, después de cuestionar a los dictadores que invocan a Dios mientras oprimen a su pueblo.
Otra vez, sin referirse específicamente, el obispo Báez pareciera tener en el centro de su crítica a Rosario Murillo, la vicedictadora de Nicaragua que a lo largo de su mandato se ha asumido como una especie de sacerdotisa y ha mezclado su esoterismo con sincretismo religioso como tratando de competir con el liderazgo católico del país.

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