Ortega quiere «lavarse las manos» frente al cuerpo diplomático antes de la reforma para excluir a opositores en las elecciones

A una semana de que Daniel Ortega dijera de forma tajante que en Nicaragua «no habrá más elecciones», su régimen intenta dosificar el revuelo que esas declaraciones han causado a nivel internacional, que ha llevado a que unos 12 gobiernos se pronunciaran contra el plan del régimen sandinista de enterrar la posibilidad de restaurar la democracia en el país.
La congresista republicana de Estados Unidos, María Elvira Salazar, llamó a los representantes de los gobiernos convocados a rechazar la intención de Ortega de convertirlos en parte de su «espectáculo macabro».
«Ortega pretende reunir al cuerpo diplomático en Managua para obligarlo a escuchar otra farsa del régimen. Urjo a todos los gobiernos democráticos a rechazar esta convocatoria y no prestarse al macabro espectáculo de Daniel Ortega y Rosario Murillo», avisó en su cuenta de X.
Al mismo tiempo, insistió en que aquellos que decidan participar en ese evento podrían convertirse en partícipes del plan diseñado por el Estado. «No legitimen una dictadura», solicitó en su mensaje.
Fue la propia Rosario Murillo quien notificó el pasado viernes que su administración expondría ante diplomáticos extranjeros la reforma constitucional que planea con la que busca dejar fuera de las elecciones a partidos opositores, una práctica que ya implementa, pero que ahora pretende convertirla en ley.
«Se van a realizar consultas con empresarios, con inversionistas, con embajadores; vamos a informar, pero además con todos los estamentos de nuestra patria bendita», dijo Murillo en su intervención en los medios de la propaganda oficial.
Informaremos «al cuerpo diplomático como corresponde, escuchamos, les escuchamos; son encuentros que hemos denominado de amistad, de hermandad entre los pueblos», añadió.
El anuncio de Ortega el domingo pasado, durante el simbólico acto por el 47 aniversario de la revolución sandinista, desató una oleada de condenas de organizaciones internacionales y gobiernos encabezados por Estados Unidos, principal socio comercial de Nicaragua que ya aplica restricciones de visa a numerosos funcionarios nicaragüenses.
El presidente Donald Trump y la comunidad internacional «no se quedarán de brazos cruzados mientras la dictadura (…) profundiza la represión y fabrica inestabilidad que amenaza la seguridad nacional» de Estados Unidos, advirtió el secretario de Estado, Marco Rubio.
Ortega, de 80 años, y su esposa Rosario Murillo, de 75, conforman un binomio presidencial que impone un poder absoluto y un fuerte control sobre Nicaragua, agudizado a partir de las protestas de 2018 que disolvieron a punta de balas y represión.

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