Nicaragua: del Pacto Alemán-Ortega al «aquí no va a haber más elecciones»

La prometida estabilidad política que a finales de la década de 1990 pactaron el entonces presidente liberal Arnoldo Alemán y el sandinismo, con Daniel Ortega como diputado, es considerado el germen de lo que vive el país centroamericano 26 años después.
Una reforma constitucional que garantizaba la supervivencia política de Alemán y el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) fue el primer paso de lo que posteriormente, con la llegada de Ortega al poder en 2007 ha tenido el país: represión, cancelación de las libertades democráticas y ahora el anuncio expreso del régimen de que no habrá alternancia del poder.
El politólogo José Antonio Peraza, quien fue un preso político de la dictadura Ortega-Murillo, explicó a Artículo 66 que aquel pacto vendido como una «estabilidad política» que ambos dirigentes garantizaban para el país por 50 años no fue tal.
De esos acuerdos se reformó la Constitución de 1987 y las leyes electorales para bajar el porcentaje necesario con el que un candidato ganaba la contienda. Con ese pacto, Alemán facilitó a Ortega que ganara con el 35 % de los votos para asumir la presidencia, así fuese con una diferencia con el segundo aspirante del 5 %.
Los fraudes electorales desde 2008
Es conocido que después del retorno de Ortega en 2007, tras ganar en 2006, el primer fraude se hizo en 2008 cuando se apoderaron de al menos 40 alcaldías sin demostrar que ellos habían obtenido el triunfo. Fue una primera señal de lo que vendría años después.
En 2011, las elecciones presidenciales no contaron con garantías, lo mismo que ocurrió en 2016 y cuyo culmen fue el año 2021 cuando apresaron a todos los aspirantes presidenciales de peso, cancelaron los partidos políticos y se impusieron en unos comicios sin contrapesos.
Esto fue posible después de la rebelión cívica de abril del año 2018 cuando el régimen acalló la protesta social con más de 300 asesinatos, encarcelamientos y la deriva autoritaria que aún los mantiene en el poder.
Asegurar la sucesión dinástica
«En el 2018 cambiaron las reglas del juego para la dictadura, se quitó la careta, asesinó a 355 personas, a partir de allí vino un deterioro tremendo, eliminar la protesta social, luego la represión y consolidación de la sucesión dinástica. Para la consolidación de esa sucesión dinástica es que están haciendo todo esto», dijo Peraza en una entrevista telefónica.
El pasado domingo 19 de julio, Ortega fue claro al anunciar que no permitirán que la oposición nicaragüense en el exilio vuelva al país para competir en unas elecciones.
«Aquí se acabó la historia de que los partidos puestos por los yanquis, puestos por los somocistas, volverán a llegar al gobierno. ¡Jamás, jamás, jamás!», afirmó en el evento en el que convocó a los militantes del sandinismo para recordar la caída del régimen de Anastasio Somoza el 19 de julio de 1979 y la llegada del Frente Sandinista de Liberación Nacional al poder.
En su alocución insistió en ese tema: «Que se olviden, aquí no volverán a haber elecciones… para que por ahí intenten ellos atrapar el gobierno, atrapar el poder», una clara violación a la Carta Democrática Interamericana de la OEA que establece como uno de los principios básicos de una nación democrática la alternancia del poder.
«Son elementos esenciales de la democracia representativa, entre otros, el respeto a los derechos humanos y las libertades fundamentales; el acceso al poder y su ejercicio con sujeción al estado de derecho; la celebración de elecciones periódicas, libres, justas y basadas en el sufragio universal y secreto como expresión de la soberanía del pueblo; el régimen plural de partidos y organizaciones políticas; y la separación e independencia de los poderes públicos», dice el artículo 3 del documento de la Organización de Estados Americanos.
Pero en Nicaragua esos preceptos no se cumplen. La reforma constitucional de 2025 representó la estocada a la separación de poderes y su independencia con la subordinación de la Corte Suprema de Justicia a la Procuraduría General y los posteriores cambios legales que han dado a esta instancia el control absoluto de la vida civil, jurídica y política de Nicaragua.
Peraza dice que aunque se crea un régimen fuerte, estos recientes anuncios muestran la debilidad, a un Ortega viejo y una clara advertencia de que cederá el poder el próximo año a Rosario Murillo.
«La dictadura está cometiendo un gran error. Ortega está muy mal de salud, ya no tiene el control que tenía antes, y todos los sandinistas históricos coinciden que Rosario tendrá mucha dificultad en mantener el poder». Y añade que «Ortega está asegurándole a ella la sucesión del poder, porque una derrota electoral los dejará en la calle. El está evitando una caída estrepitosa, pero diciéndolo están cayendo en un grave error».
Ortega desestima a Estados Unidos
Recordó que a lo largo de su trayectoria política, el dictador ha dado cuatro pasos adelante, retrocede dos y después comienza a negociar, en este caso espera que con Estados Unidos, pero al hacerlo ya ha dados pasos, por lo que no termina cediendo.
Consideró que no ceder el poder o cuotas de él como pretende la dictadura no tendrá asidero para la política exterior y de seguridad nacional de Washington bajo la presidencia de Donald Trump. Aunque reconoce que en este momento Nicaragua no ocupa la agenda central de la Casa Blanca, llegará el momento en que sí lo será tras resolver conflictos en Venezuela, Cuba e Irán.
«Ellos no quieren compartir nada en el poder, no tienen esa mentalidad, creo que están leyendo mal la capacidad que tiene Estados Unidos; que ahorita no los tenga en el radar es diferente, pero EEUU ha demostrado que tiene a Nicaragua en lista», dijo el politólogo.
A su vez, Peraza valora que la intención de Ortega es usar para 2027 a los llamados «partidos zancudos» o «satélites» para hacer una pantomima de elecciones en las que Murillo se convierta en la presidenta de Nicaragua, pese al rechazo que ella mantiene dentro del sandinismo, especialmente de las figuras históricas que por temor a la represión de la que han sido víctima otros líderes de ese movimiento guardan silencio.
Este martes, el secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, emitió un comunicado en el que condenó las prentesiones del régimen.
«La declaración de Daniel Ortega de que bajo su dictadura familiar Nicaragua no volverá a celebrar elecciones muestra su verdadera naturaleza autoritaria», declaró Rubio en un comunicado en el que pidió a la comunidad internacional «unir fuerzas» para demostrarle a la «dictadura que no puede seguir haciendo como si nada pasara».
Peraza insistió en que esta declaración de Ortega de anunciar la abolición de las votaciones es una muestra de la poca legitimidad, aceptación popular y el respaldo que tienen. «Es un síntoma de profunda debilidad, no de fortaleza», señaló.

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