Monseñor Silvio Báez clama justicia por los jóvenes «asesinados por la represión criminal» del régimen Ortega-Murillo

El obispo auxiliar de Managua en el exilio, monseñor Silvio José Báez, dedicó su homilía dominical a recordar a las víctimas de las dictaduras latinoamericanas, en un mensaje cargado de denuncia contra el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo.
Desde la iglesia Santa Aghata, en Miami, donde celebra misa cada domingo, el prelado llamó a no olvidar a quienes perdieron la vida «por la represión criminal de las dictaduras de nuestros países», en una clara alusión al régimen sandinista. «Recordamos hoy también las muertes que no debieron ocurrir», enfatizó.
«Recordamos con dolor a quienes han sido víctimas de la injusticia: hombres, mujeres y niños cuyas vidas fueron arrebatadas por la violencia, asesinatos, desapariciones, migración forzada, hambre, guerras, represión de sistemas totalitarios», expresó el obispo durante la eucaristía transmitida en línea.
«Entre esas víctimas hay jóvenes estudiantes, simplemente porque lucharon por sus ideales de libertad, protestaron contra la injusticia y soñaron con una sociedad más humana, justa y democrática», dijo en alusión a los centenares de jóvenes nicaragüenses asesinados durante la represión de las protestas de abril de 2018.
«La impunidad impide la paz»
El obispo, exiliado desde 2019 tras recibir amenazas de muerte por parte del régimen de Ortega, instó a los fieles a transformar la memoria de las víctimas en una exigencia activa de justicia.
«Su memoria clama por verdad, reparación y justicia», dijo. «Debemos sentir la necesidad de reclamar la verdad de sus muertes, exigir que se establezca la responsabilidad de los culpables ante la justicia internacional y se trabaje eficazmente en la reparación de las víctimas».
Báez advirtió que la impunidad sigue siendo una herida abierta en las sociedades bajo regímenes autoritarios. «La impunidad hiere la esperanza e impide la paz», subrayó.
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«La fe no permite que la memoria de las víctimas se convierta en mero lamento; más bien la convierte en impulso para exigir justicia y trabajar por la conversión social y el compromiso en favor de la vida».
Báez recordó que «los cristianos, en lugar de ignorar la muerte o sentir miedo ante ella, la miramos y la esperamos con la fe puesta en Cristo, Señor de la vida y de la muerte».
Durante su discurso, invitó a los creyentes a mantener viva la memoria de los fallecidos y a encontrar en la fe la fuerza para transformar el dolor en esperanza. «La muerte no es una sombra a evitar, sino un paso que da sentido a nuestra vida y nos introduce en la vida eterna», afirmó.

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