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dom. 20 sep.
Política

Las purgas dentro del FSLN, una práctica recurrente para limpiar el camino a la sucesión familiar

El régimen Ortega-Murillo sacrifica a sus cuadros más leales para limpiar de obstáculos su proyecto dinástico. Ni generales ni comandantes se salvan
Por Artículo 66 agosto 23, 2025

El Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) atraviesa una nueva ola de purgas internas que alcanzan incluso a los colaboradores más cercanos de Daniel Ortega.

Lejos de ser episodios aislados, estos movimientos forman parte de una estrategia de control absoluto encabezada por la codictadora Rosario Murillo, quien afianza su posición como heredera indiscutible del poder.

El Centro de Estudios Transdisciplinarios de Centroamérica (Cetcam) en su Informe Perspectivas 184 destaca esta práctica continua. «Las purgas no son acontecimientos aislados; en realidad responden a una lógica en la que el propio régimen está modificando las condiciones necesarias para realizar la sucesión sin que se susciten conflictos o crisis», apunta.

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En este proceso, Murillo no solo reacomoda nombres dentro del círculo de poder, sino que transforma la estructura entera del Estado.

Con la constitución aprobada a inicios de 2025, el oficialismo anuló la independencia de los poderes públicos y convirtió a todas las instituciones en órganos dependientes de la Copresidencia.

Noticia relacionada: Informe del Cetcam: Frente Sandinista de Liberación Nacional «ya no existe, es solo un membrete»

«La nueva forma del poder», señala el informe del Cetcam, «incluye la reorganización de todas las instituciones públicas, sustituyendo a los titulares de los cargos, redefiniendo su funcionamiento y, lo más importante, imponiendo un nivel de subordinación total a la Presidencia».

El resultado es una centralización inédita en torno a Murillo, que desde ahora actúa como la verdadera jefa del régimen sandinista.

Generales retirados y comandantes, en la purga

En este contexto, los sacrificios de figuras históricas del sandinismo evidencian la desconfianza absoluta que impera en la cúpula. Álvaro Baltodano, general retirado y figura clave en las negociaciones con empresarios; Bayardo Arce, comandante de la revolución de los ochenta y operador económico; y Néstor Moncada Lau, uno de los asesores más leales a Ortega, han caído en desgracia.

Este último incluso fue detenido y trasladado a un centro penitenciario, una señal inequívoca de que nadie está a salvo.

La dictadura de Nicaragua utiliza estas purgas como advertencia. Funcionarios de larga trayectoria y con peso político ya no representan garantía, sino riesgo.

El sandinismo histórico, que alguna vez sostuvo al aparato de gobierno, se reduce ahora a un puñado de símbolos que los Ortega-Murillo manipulan para mantener ideales figurativos en su base.

«El FSLN, como tal, ya no existe», asegura el informe. «Es solamente un membrete, simbología y discursos que utilizan los Ortega-Murillo para su provecho».

Solo obedientes a Murillo

El reemplazo de viejos cuadros por jóvenes funcionarios obedece a un criterio de servilismo antes que de capacidad política. La nueva élite asciende por su nivel de adulación hacia Murillo, no por méritos ni por trayectoria. Esa dependencia personal convierte a la sucesión en un proyecto viable a corto plazo, pero a costa de debilitar los cimientos del régimen.

Aún así, Murillo apuesta por el miedo como instrumento de control. Desconfía incluso de sus propios familiares y multiplica los mecanismos de vigilancia para evitar conspiraciones internas.

El Cetcam advierte que la vocera gubernamental «ha optado por utilizar el terror para asegurar que no la van a traicionar; un recurso contraproducente porque incrementa y profundiza el descontento que ya existe».

Las purgas, por lo tanto, son el núcleo de un proyecto dinástico que busca borrar cualquier vestigio de autonomía dentro del aparato estatal.

La eliminación de figuras históricas del sandinismo confirma que, en el FSLN de hoy, la lealtad al clan Ortega-Murillo vale más que décadas dentro del partido.

El costo, sin embargo, podría ser alto. Al devorar a sus propios cuadros, el régimen erosiona los últimos soportes de legitimidad que conservaba en su interior. Y, como advierte el informe del Cetcam, ese mismo recurso del terror «se va a convertir en el principal factor de su caída».

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