Rosario Murillo, la «copresidenta» que sigue relegada como «segundona» en los símbolos del poder militar

El régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo ha impuesto una reforma constitucional que los erige como copresidentes de Nicaragua, otorgándoles el mismo rango y autoridad. La nueva Constitución, aprobada sin discusión en la Asamblea Nacional y publicada recientemente en La Gaceta, formaliza un esquema de poder que Murillo ha tratado de consolidar desde hace años. Para reforzar esta idea, ha ordenado a los medios de propaganda oficialista que la nombren «copresidenta» y ha firmado junto a Ortega el primer acuerdo presidencial conjunto en la historia del país.
Sin embargo, los símbolos del poder real siguen enviando un mensaje claro. Aunque Murillo ejerce un control férreo sobre el aparato gubernamental y el partido, la juramentación del general Julio César Avilés para su cuarto período consecutivo como jefe del Ejército evidenció que en los actos simbólicos del poder militar sigue relegada al papel que tenía antes de la reforma constitucional.
Murillo, la dueña del gobierno y «copresidenta» solo en la propaganda
No se puede decir que Murillo no tenga poder. Lo tiene, y mucho. En el gobierno, es ella quien manda a los ministros, regaña a funcionarios en vivo, desprecia a los empleados públicos, controla las instituciones, ordena las leyes que se aprueban en la Asamblea y decide qué políticas se imponen en cada área del Estado.

Murillo supervisa personalmente la propaganda oficial y se ha impuesto como la líder del partido sandinista. Ha reestructurado las bases territoriales del FSLN, desplazando a viejos cuadros y asegurando su hegemonía dentro del sandinismo. Además, ha sido responsable de múltiples purgas internas, ordenando destituciones de altos funcionarios del gobierno que considera desleales o ineficientes.
En la narrativa oficialista, Murillo ha construido su imagen como la gran administradora del país, y en términos de control civil, es la figura dominante dentro del Estado. Sin embargo, cuando se trata de las fuerzas armadas, el escenario cambia.
En los símbolos del Ejército, Ortega sigue mandando solo
El acto de juramentación de Avilés fue una demostración de que el control militar sigue en manos exclusivas de Ortega. Aunque la Constitución dice que Ortega y Murillo son copresidentes, en la práctica, el Ejército sigue respondiendo únicamente al dictador, al menos en el protocolo.
La exclusión de Murillo en los momentos clave de la ceremonia lo dejó claro. No fue ella quien entregó el bastón de mando a Avilés, no fue ella quien tomó el micrófono para hablar a las tropas, y en el acto más simbólico del evento, cuando Ortega y Avilés se subieron a un vehículo militar para pasar revista a las tropas, Murillo ni siquiera estuvo presente. La «copresidenta» se quedó en su tarima, observando cómo Ortega se lucía como que si tal él fuera el único al mando del cuerpo castrense.

Además, fue Ortega quien saludó a embajadores, agregados militares y jefes de Ejército de algunos países que estuvieron en el acto. Murillo se quedó solo aplaudiéndole.
Este gesto no es casualidad. El Ejército ha sido, históricamente, un territorio exclusivo de Ortega, y aunque Murillo ha conseguido imponer su poder en el gobierno y el partido, no ha logrado que los militares la reconozcan como autoridad legítima en los actos simbólicos del poder de las armas.
Este no es un detalle menor. En cualquier dictadura, el poder militar es el último garante del régimen, y hasta ahora, Ortega no ha permitido que Murillo tome ese control. Aunque en el gobierno y el partido ella manda con mano de hierro, en el Ejército, la Policía y los organismos de seguridad, Ortega sigue siendo la única autoridad reconocida en los actos de mando.
En el discurso, Avilés sí se mostró lisonjero
Aunque en esos «pequeños detalles» del protocolo militar, Murillo fue relegada a su papel de «segundona», el cuatro veces designado como jefe militar aprovechó su discurso para mostrar sumisión y lealtad total, no solo a Ortega, sino también a Murillo.
El jefe del Ejército se deshizo en agradecimientos para ambos tiranos. Con un tono servil y un afán de congraciarse con la pareja dictatorial, Avilés expresó su gratitud hacia Ortega y Murillo, a quien se refirió como «Comandante», y a Murillo, a quien llamó «Copresidenta».
«Nuestro agradecimiento a la Presidencia de la República, jefatura suprema del Ejército de Nicaragua, por su sostenido respaldo para fortalecer nuestras capacidades institucionales en beneficio de todos los nicaragüenses. Gracias Comandante Daniel, Copresidente. Con la firme determinación de todos para continuar aportando en la construcción de la Nicaragua libre, digna, justa y próspera que todos merecemos. Muchas gracias, Comandante. Gracias también a usted, compañera Rosario Murillo, Copresidenta, por todo el apoyo y el respaldo que nos brinda. Muchas gracias, compañera», concluyó Avilés.

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